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- Nadie es perfecto


Publicado el 8 de Octubre del 2018 9:39 a.m. OPINIÓNAymme Gastélum



Por: Aymme Gastélum

En la década de los cincuenta, Friedman y sus colaboradores definieron dos tipos de personalidad: la A y la B. Los A son adictos al estrés y con más riesgo de enfermedades cardiacas, y los B son más relajados y menos competitivos.

Al consultorio llegan más personas tipo A en momentos en los que sienten que ya no pueden cargar ni una responsabilidad más. Se presentan como ambiciosos, motivados a lograr metas, organizados, en control de su vida y siempre con una lista mental de cosas por hacer. El lado oscuro del tipo A es que son impacientes y competitivos, no pueden perdonarse cuando cometen errores y pasan días, semanas y meses recriminándose.

En la vida profesional desean dar resultados perfectos lo que a veces se vuelve, en lugar de acicate, en nerviosismo intenso y paralizante.

Las personas competitivas tienden a ser hostiles e impacientes y sería importante que pudieran enfrentar las situaciones de una forma menos persecutoria y antagónica. Los otros no son los enemigos a vencer, pero los tipo A sienten una necesidad irrefrenable de defenderse cuando se sienten maltratados. Que alguien se comporte groseramente no ataca la identidad personal a menos que se interprete así.  La conducta de las personas habla de quiénes son y no de quiénes somos nosotros. Las peleas y los duelos de ego son una elección voluntaria. A veces guardar silencio durante un rato y respirar profundo puede diluir una crisis de enojo.

Tener definiciones radicales de cómo debería verse la mejor versión de una relación o de un trabajo es un modo rígido de entender la realidad. Quizá sería mejor preguntarse qué es lo que necesitamos en este momento de la vida, porque los deseos y las necesidades no son un estereotipo ni una tendencia inmutable. Todos los días cambiamos y actualizamos lo que tiene valor y lo que ha dejado de tenerlo. En algunas épocas el reto y la emoción es la prioridad, en otras la estabilidad y la paz. Lanzarse siempre por el ideal platónico es fuente inagotable de frustración. Pensar “esto podría ser mejor, ocurrir más rápido, ser más grande” es una forma de atraparse en la insatisfacción.

El tipo A de personalidad suele no ver que existen muchos factores que inciden en el éxito o en el fracaso de una empresa. Contextualizar es una forma de mitigar su narcisismo y también de dejar de culparse o de culpar a los demás por ineptos al comprender que no todo es controlable, que a veces las metas son poco realistas y que lo impredecible existe. 

Los perfeccionistas buscan objetivos ideales que sirven de inspiración pero que no siempre se pueden alcanzar.  El estilo de comunicación suele ser enojado, intenso e impaciente. Habría que bajarle al tono, endulzar un poco el discurso y añadir algo de calidez y consideración  por los otros al hablar. Una de las fuentes de salud mental es el deseo de ser más flexibles para cambiar poco a poco rasgos nocivos y adoptar mejores formas de estar y de relacionarse con el mundo.

 

 

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