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Adiós vaqueros


Publicado el 23 de Junio del 2017 1:10 p.m. OPINIÓNDe Corazón Dorado - Por: Javier Llausas



Dos grandes jugadores Dorados se despiden del futbol profesional.

 

 

Dorados está por viajar a su segunda etapa de pretemporada a realizarse a Mazatlán luego de una semana de trabajo en Culiacán. A la espera de saber situaciones muy puntuales como lo son el caso de Servio y Báez, el equipo de Sinaloa ha conformado un muy buen grupo con la base campeona que tenía, las incorporaciones registradas en el régimen de transferencias y los juveniles que se integraron luego del éxito obtenido en las fuerzas básicas este torneo. 

Pero además de todas las novedades del mes de junio, los retiros de Alfredo Frausto y Carlos Pinto removieron los sentimientos de la familia dorada que a través de las redes sociales y los medios oficiales se volcó en agradecimientos y elogios para un par de jugadores que nos dieron mucho.

Hace años Juan Manuel Lillo y Guardiola definieron a Dorados “como un niño que está haciendo el servicio militar”, hoy el Gran Pez es lo equivalente a un joven que de a poco comienza a ser adulto y el problema de empezar a convertirte en adulto es precisamente que nadie te lo dice hasta que ya tomaste un montón de decisiones.

En el equipo de Sinaloa lo que parece que fue ayer entró a la historia y no te das cuenta hasta que pasan situaciones que te hacen recordar ese “pasado reciente”, en este caso fueron los retiros de Carlos y Alfredo.

Frausto llegó el verano del 2012 siendo uno de los primeros fichajes en reportar, enfundado en un suéter morado bastante feo por cierto y a partir de ese día se involucró rápidamente a la vida cotidiana del club y todo lo que lo rodea. Aspectos como las labores sociales, interacción y apertura con los aficionados aceleraron su proceso de adaptación a una ciudad que lo acogió de la mejor manera. Cuando los resultados deportivos llegaron todo lo vivido catapultó rápidamente su imagen como si de cosechar se tratara.

La historia de Carlos es diferente. Nacido en una familia de gente talentosa y de lucha pero en un tiempo donde las oportunidades eran escasas en Sinaloa, Dorados llegó en el momento donde más lo necesitaba el nacido en Costa Rica y de la noche a la mañana se vio entrenando con  éctor Giménez, Diego Latorre, Guadalupe Castañeda y Aurelio Molina en un equipo que marcaría historia al ascender en su primer año de vida… y el ahora capitán jamás soltaría la oportunidad. No hay una final en los registros de Dorados donde Carlos Pinto no forme parte del gran pez ya sea en la banca, dando asistencias o peleando a muerte un balón en la histórica remontada frente al León.

Alfredo y Carlos simbolizan a la perfección dos prototipos de jugadores que encajan perfecto en la historia Dorada, el primero simboliza el jugador que llegó y abrazó una playera y ciudad que le sentaron a la perfección, intenso y de lucha pero siempre defendiendo lo que para él simboliza Dorados y Sinaloa. El segundo simboliza la oportunidad y el sueño de defender tu tierra, el saber que SI se puede ser profeta en tierra propia y poder voltear a la tribuna y saber exactamente en donde puedes celebrar tus goles.

Aquel joven que entró con muchas ganas a ser parte del club en el año del 2012 les agradece su entrega y amistad además de realidad el sueño de muchos.

Y digo sueño porque cuando me desperté, la Copa y el Ascenso seguían ahí. 

 

 

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