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Cambiar es placentero


Publicado el 26 de Febrero del 2018 8:28 a.m. OPINIÓNVALE VILLA



Por: Vale Villa

 

Decir que lo único permanente es el cambio es un lugar común de quienes pretenden ser iluminados espirituales, pero el dicho y los actos son distintos. ¿Quién está preparado para que todo cambie en cualquier momento? Casi nadie.

Que la gente no cambia es otra frase peligrosa. Imagínense que nuestras ideas religiosas, políticas o sociales fueran inmutables es cancelar la posibilidad de cambiar de opinión y no enfrentar que siempre nos estamos equivocando.

Sin autoanálisis, infancia es destino. Sin una revisión de los sentimientos encontrados que tenemos hacia las personas que nos dieron o dan amor, mezclado con errores y conductas destructivas, es posible que la lealtad no se dirija sólo al amor recibido, sino se traduzca también en la repetición de patrones destructivos.

Haber tenido una madre fría puede ser la causa de asociar el amor con distancia en la relaciones adultas, pero es una correlación que podría pasar inadvertida para el irreflexivo.

Todos necesitamos cambiar en algo y por eso la gente viene a terapia. Desde mi perspectiva teórica y práctica, un proceso terapéutico que hace a un lado el pasado y los aspectos inconscientes de la conducta es una terapia a medias. Si lo único importante fuera deshacerse de los síntomas, bastaría con un programa conductista para eliminar los hábitos indeseados y las conductas que producen dolor.

Las personas quieren cambiar algo de sus vidas cuando sienten confusión y dolor inexplicable. También cuando aceptan que vivir es una experiencia plagada de dificultades y quieren encontrar formas mejores para enfrentarlas.

Algunas personas sólo persiguen el principio del placer y van detrás de sus deseos sin respetar las reglas. Para otros, el cumplimiento del deber es tan estricto que se vuelven rígidos y casi incapaces de disfrutar de nada.

¿Qué es posible cambiar?

Los hábitos destructivos, que son conductas automáticas, que tienen un detonante y que nos dan una recompensa; la forma de relacionarnos: codependencia, frialdad, agresión, silencio, aislamiento, venganza, dar en exceso, la incapacidad de amar; formas de pensar: intolerancia, racismo, clasismo, sexismo, soberbia, descalificación, cobardía, superioridad; la forma de tomar decisiones: ¿impulsividad, parálisis, a destiempo? Las decisiones son a veces como subirse o hundirse frente a una ola antes de ser revolcados; las prioridades: ¿qué es lo realmente importante para mí?

 

 

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