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El camarada


Publicado el 5 de Junio del 2017 11:07 a.m. OPINIÓNAndanzas



Por: Ernesto Leyva

 

Era el añejo de 1988 estaba trabajando  para la fábrica líder de las aguas negras, si de esa agua que ha matado más gente que la diabetes y el mismo cáncer inclusive dicen que la bomba atómica no dejó tanta  gente de baja como esta agua negra. Estaba en el departamento de almacén cuando llega una morra de recursos humanos a poner un cartelón de que se iniciaba el torneo interno de basquetbol diciendo las bases. En eso llega el tráiler que teníamos que cargar y se me quitó el sueño ya que teníamos que bajar tantas cajas para poder llenar el dichoso tráiler, y atareados llega un montacarguista “el Camarada” y me dice ¿qué ondas te inscribes en el equipo?, déjame pensarlo le conteste. O ¿qué ya te escogieron otros?, no  solamente no sé si jugar, ándele inscríbase con nosotros me insistió. Fue tanto su petición que terminé estampando mi millonaria para jugar con él. Mira me dice está con nosotros pura cajeta, esta Carlos, y así me fue diciendo una bola de gente que según era buena para jugar. Al pasar los días no había ninguno que no me dijera: ¿qué ya estás listo para el torneo? al cual le contestaba que simón. Pues pasaron los días como los aboneros de la Coppel recordándoles a los del fiado que ya es hora de pagar. En eso llega una camioneta y nos lleva al torneo de la empresa era el día del sindicato el cual se festejaba a jarra y borrachera segura en donde el líder sindical aflojaba un feriecita a comparación  que con la que se quedaba él, por lo menos algo le tocaba al obrero, por lo menos. Empezó el torneo y de volada me pusieron a jugar,val paso del tiempo oigo como que ”el Camarada” le murmulla algo al compañero de a lado, suena el pito y me sacan de volada, para suerte de nosotros ganamos el primer encuentro, y pasamos a semifinales, pero sorpresa no jugué ni un segundo, ganamos a penitas ese partido y pasamos a la gran final todo el mundo estaba alegre ya que nos enfrentaríamos a los más felones para el básquet de la empresa, como a mí ya no me pelaban agarré una serpentina y me la empecé a tomar y así vaciando un cartoncito de a cuartéanos, matando la sed de aquel calorón, empezó la final y se me hizo gacho no estar en el juego, pues fui no más para ver qué pasaba. El juego se puso de color de hormiga y ya en el último cuarto faltando escasos minutos se acabaron los cambio para ambos equipos, pero al pregunta “el Camarada” al “Nazareno” que si cuantos cambios le faltaba a nuestro equipo, sacaron cuentas hasta con los dedos, favoreciendo un cambio más a nosotros, en eso “el Camarada” me mira con señal que hiciera cambio, pues ya ni modo ya estoy metido me embarro; y voy para adentro de la cancha, me muevo para todos lados y quedo solo;  me pasan el balón y tiro al aro y que va cayendo la bola me aventé un tiro de a tres, en eso el árbitro pito la final diciendo: ¡ya estuvo, vámonos por las cebadas!, así quedando campeones. Al  otro diablo ya un poco crudelio le pregunte a “el Camarada”. Oye ¿por qué tanta insistencia en que jugara contigo? Al cual me contesto es que lo confundí, creyendo que era otra persona que es buena para jugar, por eso no quería que me lo ganaran soltando una carcajada. Pero gracias a ti quedamos campeones a un equipo que iba invicto varios años, no me fallaste. Y así fue como por confusión empecé a jugar a este deporte que tanto quiero y respeto, el basquetbol.

 

 

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