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El Camioncito de Cartera; un viaje fugaz por el Mercado Garmendia


Publicado el 1 de Agosto del 2016 8:25 a.m. OPINIÓNAndanzas



Por: Ernesto Leyva.

 

Era el año de 1980 su servidor era un morro de 10 años y con toda la ilusión del mundo ya que siendo un niño vivía más en mi mente que en la vida real.

Me agüitaba que amigos de mi edad ya salían solos al centro en aquel entonces se cobraba un peso el pasaje del camión. Me sorprendían como platicaban de las tiendas que habían en él, y yo les seguía el rollo diciéndoles que ya sabía ir al centro siendo una mentirota porque yo no salía ni de la cuadra de mi casa; imagínense a mis amigos les decían “La pata de perro “, "La viruta”, "La birria” y “El mide calles” conocían toda la ciudad culichi eran re-vagos los chavos y siempre me apantallaban mostrándome los monitos que compraban en el mercado Garmendia.

Pues una vez  mi hermana estaba de buenas y me dio dos pesos y de volada como buen soñador  empecé la aventura y descalzo con el short descocido y sin camisa me fui a agarrar el camión sin saber y acordándome de las pláticas me aventure al Mercando Garmendia.

Me bajé del camión y luego lo descubrí de acuerdo a las pláticas. Me fui de volada a la esquina donde vendían Churpias o sea con el “Churpias”  hoy Taquería Moreno allí comenzó el tours me fui hacia atrás y de volada pase por donde vende los licuados muy sabrosos es muy común que las señoras que llevan su pequeños para que no se aburran de las compras les disparen un licuados a sus monos, si vas al mercado y no tomas un delicioso licuado a dé cuenta que no fuiste.

A un lado están las carnes y las cabezas colgadas de los cerdos que a mó me impactaron al verlas; las reces desolladas y todo tipo de carne ya sea porcino, caprino y bobino de muy excelente calidad.

Al centro están los puestos de verduras donde algunos vendedores me regalaron fruta ya que iba peor vestido que los personajes de la escritora Yolanda Vargas Dulché en su Memín Pinguín parecía que me habían sacado de su historieta. A mí me valió y me atasque de la fruta. Era víspera navideña y la ilusión volaba por los puestos. La gente estaba comprando lo que necesitaba para la cena navideña, ya sea menudo, su pollo, mariscos y sus especies y algún que otro amuleto para el año venidero. Los foquitos relumbrantes me llenaban de ilusión cual niño al saber que esa noche vendría santo clos, así le decíamos. 

Y cargado de juguetes nos dejaría unos de acuerdo a nuestro comportamiento.

Pues llegó la hora y me tenía que ir agarré a la salida norte para agarrar el camión, y sorpresa que me encuentro la casa de santa clos. Si saliendo del mercado junto donde hoy se venden tacos hay puestos de juguetes ahí mire los juguetes que nos amanecieron el año pasado, también debido a ese gran descubrimiento me di cuenta que ahí los compraban y Santa eran nuestros padres. 

Me quede desilusionado pero a la vez dichoso que gracias al esfuerzo de nuestros papás teníamos nuestros regalos. Volviendo a la realidad cheque los juguetes de esa época los cuales me gustan mucho. 

El Santo enmascarado y su eterno brazo alzado, pistolitas de fierro y sus petardos, trompetas de cartera, el tambor de cartera, soldaditos de plásticos, los trompos de madera, los baleros de madera, las muñequitas de chololoy con su pito por detrás que hacían un escándalo, las mascaras de luchadores que cuando te las ponías tragabas más saliva que la fregada, los cuetes, palomitas chifladores, lucecitas de bengala ¡qué bonito!.

 Ahora hacen bombas molotov, pelotas, yoyos, globalones donde hacíamos bombas y las masticábamos hoy dicen que las prohibieron porque nos ponían bien locos; dulces: las gomitas, paletas, galletas de animalitos, colación etc. 

Mi mayor ilusión era un camioncito de cartera soñaba con uno de esos ya de hace tiempo.

Tomé el camión y al llegar a mi casa nadie se dio cuenta de mi ausencia porque todos estábamos  ilusionados con la llegada de la navidad. Me fui a acostar temprano y al amanecer a mi lado había una bolsita de dulces que traía más cacahuates que dulces y una pelota de plástico que decía profesional que de eso no tenía nada, mis amigos salían a presumir sus juguetes de moda de la marca Lili Ledy empezaban a jugar y a imaginarse un montón de cosas. 

Yo solamente sonreía y me acordaba por mi tours por el mercado Garmendia que fue mi gran regalo de navidad. 

El camioncito de cartera nunca llego, pero lo sigo esperando porque sigo siendo un niño. 

 

 

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