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El "Duco"


Publicado el 9 de Enero del 2017 10:25 a.m. OPINIÓNAndanzas



 

Ernesto Leyva

 

Reinaba el glorioso año del 1980 cuando veo a la raza llegar con unos costales llenos, pero no lograba ver que era lo que contenían, en eso llega el "Cepillo" con un mango gigante devorándoselo como si alguien se lo fuera a quitar, de volada se lamió los bigotes y le vi la boca libre, como para poder preguntarle, oye "Cepillo" ¿y esos costales?, es que fuimos a cortar mangos  al río es casi llegando a la orilla; orales y qué ¿a cuánto se los venden, o les dan permiso de cortar?, cual comprar ni que nada, ni tampoco pedimos permiso, vamos y se los robamos a un viejón de una camisa cuadrada, ni se la quita parece retrato.

Me aguanté la risa, me contuve y lanzo la siguiente periodística: y qué ¿no les dispara una matona por andar de ladronzuelos?, pues sí nos tira el rucón, pero cuando se da cuenta ya estamos lejos. ¿Y cómo le hacen para que no los vea?; mira primero nos metemos, ponemos a alguien de vigía y cuando ve que viene e viejón nos echa aguas y nos pelamos tintan. 

Así se fueron yendo los días y el "Cepillo" y sus secuaces se estaban llenando de mangos; era un hueserío tirado por todas partes que levantaban más moscas que en un basurero. 

Cierto día iban pasando una bola de gente parecía manifestación, cuando el "Cepillo" me grita, ¡hey!, vente vamos al río y de ahí vamos a cortar mangos, pues más listo que un cerillo me fui con la bola, llegando al río después de bañarnos, empezó la encomienda de robar mangos, el "Cepillo" y el "Titi" eran los capitanes y acomodaron a toda la raza.

Esta vez hacerla de vigía le tocó a Marcos; un camarada a todo dar que le gustaba mucho pasearse en caballo, la raza empezó a cortar mangos y llenar costales que ni cuenta se dieron el paso del tiempo, en eso el viejón de la camisa cuadrada oye ruido y sale a checar el campo, mi compa Marcos se da cuenta y empieza a gritar a voz de general marihuano, ¡el duco!, ¡el duco!, por más que grito el Marquitos nadie le entendió, llegando el viejo y agarra a varazos a toda la clica. 

Salimos todos en polvorín y la raza enfadada le reclamo al Marcos que si por que no había avisado cuando llego el ruco. Sí les avise le estuve gritando ahí viene el ¡duco! y nunca me hicieron caso, al oír eso nos agarró una risotada que hasta el ruco de los magos se botaneó, y nos dijo, miren chamacos no más por lo que acabo de oír, les doy permiso que corten mangos pero, no tumben los cercos  jajaja, se fue riendo el amigón, al tiempo se le quedó este sobrenombre de “el duco” a mi amigo Marquitos, sobrenombre que lo hizo famoso en estas bellas tierras humayenses.

 

 

 

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