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El juego del poder, de lo inter-partidario a lo inter-fáctico


Publicado el 20 de Marzo del 2018 9:16 a.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

Los partidos políticos, en general, no obedecen a los intereses de su militancia y para colmo, muchos de sus dirigentes ya no son sus verdaderos líderes sino títeres que obedecen mandos superiores.

Las fuerzas políticas establecen estrategias intrapartidarias y acuerdos interpartidarios, alianzas, coaliciones, en búsqueda del poder.

Sin embargo, ese poder ya no se busca, si es que alguna vez se hizo, para servir al pueblo sino para satisfacer apetitos y asegurar negocios.

Todo mundo lo sabe o lo sospecha: el poder económico siempre tiene el anhelo de empatarse con el poder político o viceversa.

Las mismas promesas de siempre giran en torno a las esperanzas frustradas de transparencia y rendición de cuentas, acceso a mejores servicios de salud con una cobertura más amplia y una atención rápida y de calidad, seguridad para la ciudadanía y sus familias, crecimiento económico, certeza de empleo, sueldos mejor pagados y prestaciones justas, educación de calidad y en mejores condiciones, fortaleza institucional y gobiernos que resuelvan problemas. Promesas que nunca se cumplirán.

Por ese motivo, existe la percepción social de que la corrupción nunca se irá llegue quien llegue al poder.

Vivimos en una realidad donde las libertades y los derechos humanos solamente existen en el papel.

Los grupos criminales se roban niñas y las convierten en mujeres prematura, cínica y descaradamente, transforman a jóvenes sanos en “punteros” enfermos y pervierten y drogan a la sangre joven, mancillada y envejecida por la vida antes que por el tiempo.

Ninguna familia encontrará eco en el aparato de justicia vejado, sometido, ineficiente y cómplice.

Los hechos nos están mostrando esa realidad de manera cotidiana.

Los grupos fácticos se han adueñado de los partidos.

Ahora se puede usar un nuevo término para lo que sucede al interior de los grupos poderosos, de forma intra-fáctica se da forma al ardid político y luego se buscan acuerdos firmados en el universo de los intereses, para actuar de manera inter-fáctica.

No importa juntar el agua y el aceite para cumplir los propósitos buscados. Veremos teólogos creyentes asumiendo el papel de ateos, renegando de sus verdaderas creencias. La ideología y los principios se han perdido.

En este contexto, se siguen haciendo acuerdos fuera de los cauces formales para servirse de las instituciones de gobierno y los partidos políticos.

En este momento, en México se juega el futuro del país pero no para los próximos seis años: el horizonte es más lejano.

Aquí en Sinaloa, la carrera por la gubernatura ya inició.

Algunos que quieren la silla de Quirino ya establecieron una declaración conjunta, el resto espera y probablemente se quedará esperando.

De lo intrapartidario e interpartidario a lo intrafáctico e interfáctico hablamos de algo que existe en el campo real y no en un universo teórico: se trata de instancias ejecutoras que sustituyen y se apropian de los tres órganos del Estado en todos sus niveles.

Las cartas ya están echadas y el juego de naipes políticos está en la mesa.

 

 

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