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El negocio de la mentira, la pobreza y la esperanza


Publicado el 22 de Enero del 2018 9:17 a.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

Tal parece que la pobreza y la promesa de la esperanza de una vida mejor cada seis años es un negocio en política. Las promesas que nunca se cumplen y la economía familiar que nunca mejora ¿El ritual de la mentira ha alcanzado el clímax? Definitivamente no.

Javier Solórzano entrevistó a José Antonio Meade Kuribreña en 2015. En ese tiempo el ahora aspirante del PRI a la Presidencia de la República era titular de la Secretaría de Desarrollo Social. Al hablar de la pobreza reconoció que tiene “diferentes rostros, distintas dimensiones, que ofrece retos que por décadas no se han podido superar”.

También aprovechó para ponderar lo que consideraba avances y “espacios de esperanza, de que seremos capaces de incluir a cada vez más mexicanos en el beneficio del desarrollo”.

Por el contrario, la sociedad mexicana ha sufrido en los últimos años la tortura de la frontera de los 20 pesos con el dólar y el litro de la gasolina que están a la par.

Hoy en México un litro de gasolina vale más que un kilo de tortillas, un litro de coca cola, un litro de leche y una lata de cerveza. Hay muchos más ejemplos.

El salario mínimo es de 88.36 pesos en todo México y la gasolina Premium ronda los 19, la Magna los 17 y el diésel los 18 pesos. Un salario mínimo no alcanza para comprar ni siquiera cinco litros de gasolina Premium que amenaza con rebasar primero la frontera de los 20 pesos, al igual que el dólar, en cualquier momento.

Pero tenemos un gobierno y una clase política que está disociada de la realidad que viven los pobres y el ciudadano común que lucha por la subsistencia familiar.

Hay una pobreza en la que muchos mexicanos no solamente no cuentan con los medios necesarios para vivir sino que además carecen de todo y no saben si podrán comer ese día.

¿Usted cree que Meade o el Presidente saben lo que cuesta un kilo de tortillas? Por supuesto que no, ellos se encuentran en una situación favorable, próspera y de completa felicidad en un mundo de fantasía donde hablan de los pobres como un medio para conseguir votos.

Meade publicó en El Heraldo una columna titulada “Cero carencias; inclusión y equidad para el desarrollo” donde comienza diciendo que “Ser pobre va más allá de carecer de dinero o de bienes. Acaso tan o más determinante que ello, ser pobre es no contar con libertades o derechos básicos ni con las capacidades para generar recursos y salir adelante”. Luego arremetió contra las “propuestas demagógicas”.

No sé quién le haría ese discurso ni el spot ni mensajes que vendrían después pero sinceramente hay pasajes que suenan a “mentada de madre” con una retórica hueca plagada de lugares comunes:

“No se trata de regalarles hoy un pescado, sino de enseñarlos a pescar para que puedan comer siempre. Por supuesto que es necesario llevar leche fortificada y granos a las familias más pobres en todo el país. Pero eso no basta”.

“Demos a cada mexicano un piso mínimo, una adecuada nutrición, acceso a servicios de salud, educación de calidad, vivienda, empleos suficientes y que paguen mejor. Aseguremos que nadie nazca en pobreza extrema; que independientemente del lugar en donde nazca y niño tenga acceso a una vida llena de posibilidades, de bienestar y desarrollo”.

 

Y este es el remate:

“En el siglo XXI tenemos las herramientas necesarias para asegurarles cero carencias sociales. Con su ayuda, con la plena participación laboral y productiva de todos, el crecimiento económico de México será para todos: inclusión y equidad para el desarrollo”.

 

¿Eso no es demagogia?

Luego en un spot, donde aparece en una postura supuestamente relajada y sin corbata, simulando humildad y camaradería, critica a quienes prometen fórmulas para combatir la pobreza

“¡No, hombre, son unos genios! Dar discursos sobre la pobreza es muy fácil; lo difícil es apoyar a quien no tiene lo suficiente como lo hicimos en la Sedesol, donde salieron de la pobreza extrema 2 millones de mexicanos. Ellos hablan de los problemas pero no saben cómo resolverlos”, y por último, cuestiona al elector: “¿Qué prefieres? ¿Gritos y discursos o experiencia y soluciones reales para tu familia?”.

Recientemente el Presidente Enrique Peña Nieto le sigue el juego a Meade y reconoce que “es la pobreza uno de los mayores retos”

El padre de Meade se ha mantenido en el universo bancario y financiero toda su vida. Fue quien siendo líder de la bancada en el PRI logró convertir el FOBAPROA en IPAB y poner como su primer titular precisamente a su hijo. Eso le mereció trabajar para el PAN antes que su hijo siendo subsecretario de Gobernación con Vicente Fox.

Después de ser titular del IPAB, creación de su padre, José Antonio con el tiempo puso a su hermano Lorenzo al frente de ese IPAB que convirtió la deuda de los bancos en deuda pública.

Ahora, después de la digitalización fiscal, la lacerante reforma hacendaria, del gasolinazo y de estar doce años en diversas secretarías con el gobierno panista de Felipe Calderón y el gobierno priista de Enrique Peña Nieto promete “cero carencias, cero pobreza extrema”. ¿Por qué no lo hizo antes?

 

 

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