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El sándwich y las guerras mundiales


Publicado el 23 de Abril del 2018 12:03 p.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

La historia de las guerras mundiales está ligada al sándwich.

Después de una cadena de actos estúpidos, la Primera Guerra Mundial la comenzó un sándwich. El 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio-bosnio de 19 años, se dedicó a almorzar un sándwich en el restaurante Moritz Schiller’s Delicatessen en la calle Francisco José (en alemán Franz Joseph) de Sarajevo. Era verano y Bosnia acaba de convertirse en parte del imperio Austro-Húngaro.

Gavrilo saboreaba su sándwich de la derrota totalmente desmoralizado, pues formaba parte de un grupo de siete jóvenes conspiradores que ese día habían fallado en sus planes de matar a Francisco Fernando, archiduque de Austria-Este (en alemán Franz Ferdinand), príncipe imperial de Austria, príncipe real de Hungría y Bohemia y, heredero al trono austrohúngaro.

Todos los intentos se frustraron. Un momento antes, Francisco Fernando, que iba con su esposa embarazada en una limusina descubierta, salió ileso de una granada de mano. A Gavrilo también le había resultado imposible acercarse. El resto de los atacantes falló por torpeza o cobardía.

Dos casualidades cambiaron el rumbo de la historia: Gavrilo Princip saboreaba su sándwich con detenimiento. Masticaba y se deleitaba con cada mordisco. Ya se había dado por vencido. Deprimido por no cumplir su misión solamente encontraba consuelo y reflexión en su sándwich.

Sin embargo, Francisco Fernando —a pesar de las advertencias de interrumpir su itinerario— quería ir al hospital a visitar los heridos del atentado pero su chofer se perdió en las calles de Sarajevo y fue a parar justo a donde estaba Gravilo.

Mientras comía, el chofer del archiduque, perdido, se detuvo afuera del restaurante: el destino le había entregado su objetivo a Gravilo, quien se dio cuenta de inmediato de lo que había sucedido.

El automóvil retrocede pero ya es demasiado tarde. Ahí estaba frente a él su odiado enemigo, el archiduque acompañado de su esposa Sofía Chotek, duquesa de Hohenberg. Ella tenía prohibido aparecer en actos públicos con su esposo y mucho menos subir al auto con él, pero ese día se rompieron todos los protocolos.

Gavrilo sacó su pistola y, sin apuntar, disparó dos veces. Una bala hirió a Francisco Fernando y la otra rebotó hiriendo a Sofía, que estaba embarazada. Ambos murieron después de unos 20 minutos y su crimen desencadenó una serie de acontecimientos que detonaron la Primera Guerra Mundial.

La Segunda Guerra Mundial fue la continuación de la primera y, a causa de ese sándwich, Adolf Hitler —rechazado en la Academia de Artes de Viena y ya con un odio creciente hacia los judíos— se alistó en el Ejército, donde fue subiendo rangos militarmente y se unió, con el tiempo, al partido Nazi.

Por otro lado, hay que mencionar también que a Hitler le gustaba comer un sándwich de salchicha alemana aderezado con salsa criolla argentina. Además, amaba el choripán, un sándwich típico de la gastronomía de Argentina que consiste en un chorizo parrillero asado, que se sirve entre dos trozos de pan. En una carta que le escribió Hitler a su amante Marlene Heisenberg dijo: “reunámonos, Marlene, a comer salchicha con una salsa especial que descubrí en un país de razas inferiores. Te encantara”.

Otra historia ligada al sándwich y a la Segunda Guerra Mundial es Peenemünde, un pintoresco pueblo alemán con hermosas playas de arena que los nazis ocuparon por ser el lugar perfecto y secreto para desarrollar y probar cohetes. Este pueblo fue el centro de rearme más grande y moderno del mundo, donde realizaron investigaciones que impactaron el futuro de las armas de destrucción masiva y los viajes especiales. Peenemünde no estaba terminado cuando Hitler declaró la guerra en 1939, quizás porque no le gustaba el sándwich típico de pescado local, el fischbrotchen.

Días antes de que Donald Trump ordenara a sus fuerzas armadas el ataque a Siria, en Europa causó sensación un mega sándwich que simulaba la cara del presidente de Estados Unidos.

Se trataba de una obra artística culinaria que se burlaba de la afición de Trump por la comida rápida, las pizzas y las hamburguesas que, se puede decir, son sándwiches o emparedados de carne.

Lo cierto es que el conflicto bélico iniciado por Trump es de dimensiones universales y el sándwich vuelve a hacerse presente con la creación titulada “Fast food Trump”, compuesta por rebanadas de jamón y queso amarillo que representan la cara, jitomate como la corbata y pan de hamburguesa como el cuello. Con Trump, el sándwich se hace presente también en forma de hamburguesa, típico alimento norteamericano que es una de las delicias preferidas del mandatario de 71 años, que podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial.

Por todo lo anterior expuesto, resulta emblemática la presencia del sándwich en momentos donde el mundo trata de contener inútilmente acontecimientos de magnitudes catastróficas, no de expandirlos.

 

 

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