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¿El sueño imposible?


Publicado el 11 de Septiembre del 2017 9:45 a.m. OPINIÓNFelix Cotés



Por: Felix Cortés


Se sabe que el expresidente de Estados Unidos Barack Obama fue el que expulsó de su país el mayor número de indocumentados en la historia. No obstante, fue Obama, precisamente, el que promovió elprograma DACA, que son las iniciales de Deferred Action for Childhood Arrivals o —digámoslo así— acción diferida en contra de los que llegaron niños. Se trata de cerca de 800 mil seres humanos que fueron llevados cuando niños por sus padres que buscaban trabajo y techo a Estados Unidos. Allá crecieron, allá se educaron y allá trabajan pagando impuestos gracias al programa DACA, que aun siendo indocumentados les da un permiso temporal de estadía. Pero el DACA se acaba.

El fiscal de Estados Unidos, Jeff Sessions, fue el encargado de dar a conocer que la decisión de Donald Trump se hacía efectiva a partir de ayer, suspendiendo el programa. Del casi millón de esos beneficiarios de la protección temporal contra la deportación, el ochenta por ciento son mexicanos.

Barack Obama calificó la medida de mala, cruel y contraproducente. Tiene razón en los dos primeros adjetivos, pero más en el tercero. La decisión de Trumpperjudica en primer lugar a Estados Unidos, como se han apresurado a señalar empresas como Google. Para ser beneficiario del DACA es necesario ser joven, no haber delinquido y estar inscrito en la escuela, trabajando o ser miembro de las Fuerzas Armadas.

Es decir, vagos y delincuentes, no. Por eso, la disposición de Trump es torpe: va en contra de uno de los principios de la ética estadunidense, el pragmatismo. No le conviene.

Donald Trump, por conducto de su fiscal Sessions, le ha dado seis meses al Congreso para que ofrezca y resuelva una solución alternativa a la medida que pone en la mira de la migra a estos muchachos y muchachas a las que se les llama dreamers, es decir soñadores. El término es bien aplicado. Ellos y ellas no quisieron ir a Estados Unidos, pero se convirtieron en automático en participantes del sueñoamericano. Por regla, todos son seres humanos observantes de la ley que estudian y trabajan para lograr ese sueño. Muchos han servido o sirven a las Fuerzas Armadas. Un par de ellos murió heroicamente en las labores de rescate en Houston. Una gran cantidad de ellos ocupa importantes puestos de trabajo en industrias estratégicas. Trump se dio, en su esquizofrenia antiinmigrante, un tiro en el pie.

Los dreamers han entrado en un limbo lamentable. En la cabeza de los legisladores debiera caber una dosis de sentido común y de pragmatismo para encontrar una salida a la condición migratoria de estos americanos a punto de ser privados de su sueño. En beneficio de EU, que se estaría deshaciendo de seres valiosos, independientemente de que miles de familias se fragmentarían injustamente.

De este lado de la raya todo es, como siempre, ilusión y demagogia. A lo muy macho, el gobierno mexicano afirma que les dará educación, cobijo y empleo a todos los soñadores que sean deportados. Bien podría proporcionar trabajo, educación y cobijo a los desvelados mexicanos de aquí, quienes también tienen sueños imposibles.

 

 

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