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El valor de la democracia constitucional


Publicado el 9 de Julio del 2018 9:14 a.m. OPINIÓNAlberto Aguirre



Por: Alberto Aguirre

El día de hoy se reconoce el mandato de las urnas, en el que se eligió al Presidente de la República, así como de los legisladores federales, en una nueva conformación del Poder Legislativo federal, así como de la nueva geografía política en las entidades federativas.

Se abre una nueva etapa en la historia de nuestro país, que debe interpretarse como la elección de instituciones que pueden y deben ejercer sus funciones con pleno respeto al avance institucional para garantizar los derechos de todos.

El Estado tiene su origen y fundamento de legitimación en los derechos de todos los seres humanos, así como en el andamiaje jurídico político que hemos construido a lo largo de nuestra historia para garantizar esos derechos.

Existe un voto por el cambio. Pero ese cambio tiene límites establecidos en los propios límites de la votación. Ya que ninguno de los partidos representados en el Congreso de la Unión tendrá por sí mismo el número suficiente para aprobar ninguna reforma legal (aunque estará muy cerca de lograrlo con sus aliados electorales) ni mucho menos una reforma constitucional, es decir, un cambio de fondo a la norma fundamental del Estado. En ese sentido, se requeriría de un acuerdo tanto con los partidos que conformaron la alianza electoral ganadora y, en caso de una reforma constitucional, con los otros partidos políticos representados en el Congreso de la Unión.

No se ha regateado el reconocimiento del triunfo, sin embargo, ello tampoco implica abdicar al derecho a disentir y defender los derechos de los ciudadanos o vigilar y exigir elcumplimiento de los deberes del próximo gobierno.

En esta nueva etapa histórica, el electorado mexicano otorgó una representación a otras voces distintas a las ganadoras del Ejecutivo federal, que deben también ser escuchados y podrán ejercer los derechos de la minoría, que también deben ser respetados, como en cualquiera de las democracias del mundo.

Los ganadores de los procesos electorales no sólo tienen una responsabilidad frente quienes votaron por ellos, sino también frente a quienes disintieron de ellos. En ese sentido, si bien deseamos que le vaya bien al nuevo gobierno y que ello implique un beneficio para nuestro país, también reafirmamos nuestro compromiso por seguir formando ciudadanía que ejerzan y defiendan sus derechos, que construya el bienestar común y que se respete la dignidad humana.

La vida sigue. Sin duda alguna, es necesario que, después de reconocer el triunfo del adversario, se reconstruya la unidad nacional que, si bien ha sido planteada por quien encabezará el nuevo gobierno; también de quienes no nos vimos favorecidos con los votos se requiere un ejercicio de autocrítica y evaluación sobre los aciertos y desaciertos, sobre los apoyos y la ausencia de ellos.

Los resultados son muestra clara de que de la adversidad también se aprende, que se requiere hacer revisión al interior de los partidos que retrocedieron en las preferencias electorales y que podrán depurar sus padrones electorales, ya que en los tiempos adversos es cuando habremos de conocer a los verdaderos militantes, a diferencia de los tiempos de bonanza.

Se reitera, la historia de nuestro país no inició el primero de julio, sino que tiene una larga historia de lucha democrática. Es el momento de volver a los orígenes y a la esencia de las instituciones que demuestran la verdadera fortaleza de las mismas.

La vía de la democracia es, en realidad, un camino, más que un destino en sí mismo, ya que se tiene que refrendar día a día, ya sea en el ejercicio de gobierno que genere oportunidades de superación para los menos favorecidos, así como condiciones de certidumbre e igualdad de oportunidades para los inversionistas, al tiempo que se garanticen los derechos e integridad de toda la sociedad, como también la sociedad tiene la encomienda de conocer y hacer valer sus derechos y cumplir sus obligaciones.

En esta elección, sin bien no resultaron ganadores todos los candidatos, ello no significa que los valores e ideales democráticos postulados por esos candidatos resulten inválidos, por elcontrario, habrá que seguir luchando para hacerlos realidad y defenderlos desde la trinchera que el electorado, así sea por un voto, haya ordenado, pues en ello radica una de las principales fortalezas de la democracia, una persona, un voto.

 

 

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