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Encabronamiento social


Publicado el 7 de Mayo del 2018 10:55 a.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

Dos ex rectores de la UNAM, uno fue Secretario de Salud de México, el otro es el actual Secretario de Salud del gobierno de la república. Ambos opinan –en los inicios de mayo- sobre el actual proceso electoral, la democracia y la salud mental de la sociedad mexicana: Juan Ramón de la Fuente Ramírez, reconocido psiquiatra y maestro emérito de la UNAM, aborda -en su última entrega al periódico El Universal- lo que llama “sonambulismo político” y la legitimidad de la desconfianza; José Ramón Narro Robles, médico cirujano con estudios de posgrado en medicina comunitaria, afirma en entrevista que la rabia social -el malestar y enojo colectivo- es un grave problema de salud pública.

Juan Ramón de la Fuente advierte que “a pesar de los sonámbulos. No importa cuántos recursos se destinen para intentar frenar el malestar de una sociedad dolida, agraviada y decidida como no se había visto antes”. Sin embargo, señala que existen resistencias a aceptar un cambio político: “Lo que es peligroso es que estas se transformen en una franca intolerancia anticipada”.

El columnista del periódico Reforma, el académico Jesús Silva-Herzog Márquez lanza una pregunta: “¿A qué está dispuesto el grupo gobernante para impedir la victoria de Andrés Manuel López Obrador?” y más adelante precisa en algunos fragmentos: “No veo el camino de la derrota de López Obrador”. “El futuro no está escrito pero es importante prepararnos para lo que muy probablemente pasará”. “En la incredulidad de algunos grupos de poder se muestra más que un deseo, su indisposición a aceptar lo probable. Se trata de un reflejo antidemocrático, un impulso para evitar -¿a todo costa?- un resultado temido”.

Finalmente, llama a respetar el resultado de la elección y las normas jurídicas. Cierra con otro cuestionamiento: “¿Será demasiado pedir a los nerviosos que respeten la ley?”

Andrés Manuel López Obrador anteriormente había calificado a Jesús Silva-Herzog Márquez como un articulista conservador con apariencia de liberal y secuaz de la mafia del poder, cuando el analista político calificó –en febrero- de oportunista a AMLO al convocar a su movimiento a personajes de distinta índole. No obstante, en este artículo claramente parece coincidir con Juan Ramón de la Fuente sobre la posibilidad de un rechazo anticipado –de ciertos grupos- al más probable resultado electoral hasta ahora.

AMLO calificó la afirmación de Narro como una alegoría, es decir, un discurso de significado simbólico, en el que no coincidía porque "el problema de México es el mal gobierno". Mientras todo esto sucede, efectivamente, se percibe la desconfianza en el proceso electoral, el INE se prepara para el conteo rápido el día de la elección, aunque con señales que han generado suspicacias, los temores se hacen presentes y cada vez más evidentes.

Ya pasaron 18 años de la primera derrota presidencial del PRI. Solamente dos candidatos presidenciales del PRI han perdido en las elecciones: Francisco Labastida Ochoa en el 2000 y Roberto Madrazo Pintado en el 2006. José Antonio Meade Kuribreña podría ser el tercero en el 2018, aunque en circunstancias muy diferentes.

Francisco Labastida Ochoa afirmó recientemente que no fue derrotado por Vicente Fox sino por la traición al PRI del presidente Ernesto Zedillo. Enrique Peña Nieto no se percibe como un demócrata, respetuoso de la Ley, que acepte la derrota del PRI y le entregue la presidencia a López Obrador.

En recientes declaraciones Francisco Labastida ve la llegada de René Juárez Cisneros como la de un operador político que puede jalar los diez millones de votos duros del PRI y es capaz de hacer los ajustes necesarios para cambiar el futuro.

¿Qué se espera para los próximos días? Quizás que se haga realidad lo que hasta ahora es un secreto a voces: la unión de los “independientes”, de Margarita y El Bronco, a la campaña de Meade y antes o después la suma de Anaya, todos juntos buscando el voto útil contra AMLO. La estrategia de concentrar el voto en función de un objetivo común: cerrarle el paso a un personaje peligroso para sus intereses y negociar en esa unidad el reparto del poder que se mantiene, de esta manera, en las mismas manos.

Dos ex rectores de la UNAM, uno fue Secretario de Salud de México, el otro es el actual Secretario de Salud del gobierno de la república. Ambos opinan –en los inicios de mayo- sobre el actual proceso electoral, la democracia y la salud mental de la sociedad mexicana: Juan Ramón de la Fuente Ramírez, reconocido psiquiatra y maestro emérito de la UNAM, aborda -en su última entrega al periódico El Universal- lo que llama “sonambulismo político” y la legitimidad de la desconfianza; José Ramón Narro Robles, médico cirujano con estudios de posgrado en medicina comunitaria, afirma en entrevista que la rabia social -el malestar y enojo colectivo- es un grave problema de salud pública.

Juan Ramón de la Fuente advierte que “a pesar de los sonámbulos. No importa cuántos recursos se destinen para intentar frenar el malestar de una sociedad dolida, agraviada y decidida como no se había visto antes”. Sin embargo, señala que existen resistencias a aceptar un cambio político: “Lo que es peligroso es que estas se transformen en una franca intolerancia anticipada”.

El columnista del periódico Reforma, el académico Jesús Silva-Herzog Márquez lanza una pregunta: “¿A qué está dispuesto el grupo gobernante para impedir la victoria de Andrés Manuel López Obrador?” y más adelante precisa en algunos fragmentos: “No veo el camino de la derrota de López Obrador”. “El futuro no está escrito pero es importante prepararnos para lo que muy probablemente pasará”. “En la incredulidad de algunos grupos de poder se muestra más que un deseo, su indisposición a aceptar lo probable. Se trata de un reflejo antidemocrático, un impulso para evitar -¿a todo costa?- un resultado temido”.

Finalmente, llama a respetar el resultado de la elección y las normas jurídicas. Cierra con otro cuestionamiento: “¿Será demasiado pedir a los nerviosos que respeten la ley?”

Andrés Manuel López Obrador anteriormente había calificado a Jesús Silva-Herzog Márquez como un articulista conservador con apariencia de liberal y secuaz de la mafia del poder, cuando el analista político calificó –en febrero- de oportunista a AMLO al convocar a su movimiento a personajes de distinta índole. No obstante, en este artículo claramente parece coincidir con Juan Ramón de la Fuente sobre la posibilidad de un rechazo anticipado –de ciertos grupos- al más probable resultado electoral hasta ahora.

AMLO calificó la afirmación de Narro como una alegoría, es decir, un discurso de significado simbólico, en el que no coincidía porque "el problema de México es el mal gobierno". Mientras todo esto sucede, efectivamente, se percibe la desconfianza en el proceso electoral, el INE se prepara para el conteo rápido el día de la elección, aunque con señales que han generado suspicacias, los temores se hacen presentes y cada vez más evidentes.

Ya pasaron 18 años de la primera derrota presidencial del PRI. Solamente dos candidatos presidenciales del PRI han perdido en las elecciones: Francisco Labastida Ochoa en el 2000 y Roberto Madrazo Pintado en el 2006. José Antonio Meade Kuribreña podría ser el tercero en el 2018, aunque en circunstancias muy diferentes.

Francisco Labastida Ochoa afirmó recientemente que no fue derrotado por Vicente Fox sino por la traición al PRI del presidente Ernesto Zedillo. Enrique Peña Nieto no se percibe como un demócrata, respetuoso de la Ley, que acepte la derrota del PRI y le entregue la presidencia a López Obrador.

En recientes declaraciones Francisco Labastida ve la llegada de René Juárez Cisneros como la de un operador político que puede jalar los diez millones de votos duros del PRI y es capaz de hacer los ajustes necesarios para cambiar el futuro.

¿Qué se espera para los próximos días? Quizás que se haga realidad lo que hasta ahora es un secreto a voces: la unión de los “independientes”, de Margarita y El Bronco, a la campaña de Meade y antes o después la suma de Anaya, todos juntos buscando el voto útil contra AMLO. La estrategia de concentrar el voto en función de un objetivo común: cerrarle el paso a un personaje peligroso para sus intereses y negociar en esa unidad el reparto del poder que se mantiene, de esta manera, en las mismas manos.

 

 

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