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Es tiempo de hablar


Publicado el 5 de Noviembre del 2018 10:07 a.m. OPINIÓNAymme Gastélum



Por: Aymme Gastélum

Laura es una mujer independiente económicamente pero no así en la dimensión afectiva. Vive con su pareja desde hace 7 años pero durante los últimos tres la calidad de la relación se ha venido abajo: platican poco, casi no hay sexo, por las noches apenas se cuentan cómo ha ido el día y se concentran en quejarse de los cansados y hartos que están. Cuando Laura quiere poner en la mesa que se siente alejada, frustrada, sola y cada día menos enamorada, él se enoja de inmediato. La culpa, le dice que ella es la que trabaja demasiado y que además es muy exigente con él y que como lo rechazo sexualmente unas cuantas veces, no piensa volver a tomar la iniciativa en mucho tiempo. Después caen en silencios que duran semanas.

Jorge pasa por una depresión desde hace un par de años que apenas decidió atender. En su familia nunca se acostumbró hablar de debilidades y ahora le cuesta mucho trabajo mostrarse vulnerable ante ellos. Se siente un fracaso cuando les dice mientras comen que está tomando antidepresivos. El padre apenas levanta la mirada del plato y aunque parece escucharlo no dice nada. Su hermana le da un abrazo fuerte y le dice que cuente con ella.

La falta de comunicación es un clásico de las parejas y las familias. También de la vida laboral y de todas las relaciones en general. Siempre se encuentran excusas para no decir las cosas a tiempo, en especial las que son difíciles de hablar. Confesar el amor o el desamor, pedir un aumento de salario, hablar con un amigo cercano sobre un desencuentro, pedir perdón a un hermano por no estar presente en un momento difícil, resolver temas familiares delicados como testamentos o documentos de voluntad anticipada. Mientras más tiempo pasa sin tener estas conversaciones disminuye la probabilidad de que ocurran. Es que queremos que sea en persona o en el momento más oportuno que nunca llega. Y el cúmulo de lo no hablado se enquista.

Podría ser más simple: si aparece un sentimiento o un pensamiento es importante comunicarlo. No importa la vulnerabilidad que se desprenda de la conversación. El miedo a la respuesta es lo que nos impide arriesgarnos a hablar de frente, aunque lo peor que puede pasar es que no nos den el aumento, o que nos respondan con poca sensibilidad o con una negativa. Cuidar demasiado las formas suele tener más costos que ganancias; la gente que siempre está buscando el momento perfecto para tener una conversación difícil guarda silencio durante periodos tan largos que después se vuelve ridículo abordar temas que parecían superados y parte del pasado.

El enojo, el silencio, defenderse y atacar, tomarlo todo a broma, dormirse muy temprano, trabajar en exceso, hipnotizarse frente a la televisión o el celular, son maniobras ingenuas para evitar el conflicto, porque todo lo que no se enfrenta, permanece, crece, empeora y se convierte en un problema que a veces ya no tiene solución.

 

 

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