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Guía para destruir la vida deportiva en los hijos…


Publicado el 8 de Mayo del 2016 12 p.m. OPINIÓNHAROLD SÁNCHEZ



Educar a un niño no es tarea fácil. Tanto si eres docente como si eres padre de familia, la tarea de educar a un niño que (incluye acompañar, guiar y orientar su aprendizaje en cada una de sus etapas psicoevolutivas) es compleja. Autores como Jean Piaget describieron de forma idónea el desarrollo educativo en diferentes ámbitos (cognitivo, social, afectivo y motriz).

Son muchas las dudas existentes sobre cómo educar a los niños en el ámbito deportivo, cuándo iniciarlos y cómo hacerlo. Cada vez son más los padres que consiguen frustrar el futuro deportivo de sus hijos. Por lo tanto en el presente artículo me gustaría compartirles una serie de aspectos fundamentales para evitar que destruyas el futuro de tu hijo/a como deportista y además que pueda ser un niño mas competitivo, sano y feliz, disfrutando de la actividad física en cualquier disciplina.

Error No. 1: imponer las ambiciones personales sobre nuestro hijo Debemos de caminar con cautela en cuanto a esto se refiere. Debemos de mostrar comprensión total en el proceso de desarrollo de nuestros niños y desde edades tempranas sentar las bases para el aprendizaje de las habilidades motrices, abogando en todo momento por el respeto a las normas y a los compañeros rivales por encima de la victoria.

Necesitamos ser pacientes en todo momento y no imponer nuestras ambiciones sobre nuestros hijos, ya que esto sólo acabará causando una presión innecesaria que muy probablemente acabe con un abandono de la práctica deportiva.

Los padres que no vivieron la competición deportiva o simplemente no desarrollaron ciertas habilidades competitivas de un atleta, pueden convertir erróneamente una competición deportiva de su hijo en una situación (de deseos) del ámbito personal del papa, el cual se proyecta en su hijo… Otros en cambio, creen que el hijo representa una “segunda oportunidad” para intentar corregir ciertos errores de su pasado como deportistas. De cualquier modo, lo más relevante es comprender que un joven preadolescente tiene 3 motivaciones fundamentales para participar en un deporte:

 

 La primera y la más importante es la diversión. El niño juega y hace deporte para  divertirse, para evadirse. El juego constituye en el niño su actividad central. El niño no sólo juega por repetir situaciones placenteras, sino que también para reelaborar las que le resultaron dolorosas. Al jugar exterioriza sus alegrías, miedos, angustias y es el propio juego quien le permite adquirir una serie de experiencias que responden a las necesidades específicas de las etapas del desarrollo.

 

 La segunda es socializar. El niño juega para estar en contacto con otros compañeros y compañeras y experimentar situaciones de colaboración que le producen placer y diversión.

 

 La tercera es para complacer a los padres. En muchos casos el niño juega porque ve que causa aceptación y complacencia en sus padres.

 

Demasiados niños por desgracia, terminan realizando sólo deporte por esto último y esto rara vez perduran en su trayectoria deportiva, debido a que es un modo de revelación contra sus padres cuando acontecen situaciones de enfrentamiento.

 

Error No. 2: que prime lo específico demasiado pronto Una sobre-especialización temprana acabará causando un desastre. En los niños debe primar lo global sobre lo específico en cuanto a entrenamiento se refiere. Los métodos de entrenamiento deben ser globales y no analíticos (esto significa no concentrar el trabajo de los entrenamientos a determinadas actividades motrices), buscando que el niño adquiera un amplio bagaje motriz. Inicialmente trabajar contenidos asociados a la imagen y a la percepción, posteriormente afianzar habilidades motrices básicas y posteriormente afianzarlas mediante las tareas predeportivas o deportivas.

Si el niño/a no dispone de una base adecuada, la especialización temprana solo causará frustración y fracaso deportivo. Muchos jóvenes de hoy en día se someten a unos entrenamientos demasiado duros en cuanto a intensidad, en cuanto a volumen y en cuanto a frecuencia sin una base previa. Es importante tener en cuenta que los niños no disponen de una estructura suficientemente estable como para introducir entrenamiento de altos volúmenes, especialmente durante las fases del crecimiento. Lesiones de menisco, de discos vertebrales o tendones pueden ocasionar un daño irreversible en la carrera deportiva del 

joven.

Un entrenador debe tener en cuenta las fases del desarrollo del niño y buscar un

entrenamiento adecuado con coherencia, seguimiento, correcto volumen y descanso para facilitar la recuperación del organismo y en definitiva, el éxito deportivo de alumno. 

 

Error no. 3: centrarse en una única disciplina deportiva

 

¿Cuánto más dedique a formarte y especializarte en un deporte, mayor rendimiento conseguirás? Obvio que así es. Así lo demuestran multitud de deportistas en la actualidad que emplean infinidad de horas para seguir mejorando en sus disciplinas deportivas. Sin embargo esto no es extrapolable a los niños. Este error deja a muchos niños en la mitad del camino y terminan abocados al abandono de la práctica deportiva.

 

Ellos deben probar una amplia variedad de disciplinas deportivas, con el fin de disfrutar, aprender y buscar el amplio bagaje deportivo y motriz. Esto no sólo será enormemente saludable para ellos, sino que además, les perimitirá adquirir una amplia variedad de patrones motores.

 

La participación en múltiples deportes permitirá incluso prevenir lesiones asociadas al exceso de especialización. Por ello, debemos siempre preguntar a nuestros hijos y tener en cuenta sus inquietudes y opiniones acerca del deporte que les gustaría probar. Con el paso del tiempo reducirán su forma de enfocar y terminarán por decantarse por un deporte en donde ellos disfrutarán más y en donde ellos conseguirán además un mayor rendimiento a nivel social, motriz y cognitivo.

 

Si usted quiere que su hijo termine jugando al fútbol, pero el deseo del joven cambia, nada podrá hacer que compita de forma adecuada si no tiene el deseo o voluntad por disfrutar en esa disciplina deportiva. Es probable entonces, que sus largas horas de dedicación y sus insistencias terminen en ninguna parte.

 

Conclusión

La relación que el padre de familia tenga con su hijo marcará su futuro deportivo, pero también su felicidad y su predisposición hacia realizar actividad física. Por lo tanto tendrá influencia futura en el propio bienestar del joven, en su salud y en su felicidad.

 

 

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