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Hacer goles con la cabeza


Publicado el 14 de Julio del 2018 10 a.m. OPINIÓNKATHEDRA - Por: Joaquín Berruecos



Por: Joaquín Berruecos

 

Cuando juega la selección nacional de futbol, en los medios de comunicación aparecen expertos que nos explican todo lo que sucede, hasta el último detalle, con una maestría impresionante. Estos sabios nos iluminan a nosotros, los ignorantes espectadores ¡nos ayudan a entender lo inentendible! Funciona como una especie de terapia social y gracias a este aprendizaje televisivo ahora podemos repetir en nuestras charlas de café su lenguaje de verdades para convertirnos en los mejores conocedores .

Pero cuando las cosas no salen bien se desata la polémica, esto ocurrió recientemente con la victoria ante Alemania y posteriormente las derrotas con Suecia y Brasil. La confusión, el enojo y las dudas de nuevo aparecieron y los comentaristas atribuyeron la tragedia a razones emocionales y psicológicas de los jugadores, pero no sobra recordar que esta realidad no es una novedad.

  Para los que gustan de las estadísticas, me puse a indagar sobre los resultados que ha obtenido la selección nacional en los 16 campeonatos mundiales en que ha participado desde 1930. De los 56 partidos jugados, México ganó 13, empató 11 y perdió 32; ha metido 60 goles y recibido 98, casualmente también suman 98 los jugadores responsables de no haber logrado pasar a cuartos de final, el famoso 5º partido.

  Resulta curioso ver como nuevamente aparecen los argumentos vinculados a las cuestiones anímicas del equipo y muchos aseguran que eso fue lo que determinó su mala actuación. Esto me trajo a la memoria la historia que hoy les comparto: hace ya muchos años que a mi madre le tocó vincularse científicamente con “la psicología emocional de la rítmica futbolera”

 

             Jugar con la cabeza

En octubre de 1964 se informó la gran noticia, México sería la sede del campeonato mundial de futbol de 1970, y claro está que “LA PATRIA tenía que desempeñar un buen papel” ...  había que prepararse lo mejor posible. Como solamente faltaban 2 años para el mundial de Inglaterra, existían buenas razones para ponerse a trabajar. 

Pero el desempeño de nuestra selección hasta entonces era muy malo, la prensa los llamaba despectivamente “Los ratones verdes”. Solo habían obtenido una sola victoria contra los checoslovacos en el Mundial de Chile de1962.

Para la Federación Mexicana de Futbol  el reto era mejorar rápidamente este mal  estatus, y entonces se decidió organizar partidos amistosos, hacer giras internacionales, y lo más importante, replantear totalmente los mecanismos de selección a través del entrenamiento físico y por primera vez contratar a un psicólogo. El nuevo programa interdisciplinario incluía a un equipo médico de la UNAM formado por el doctor Aurelio Pérez Teuffer y al psicólogo Isidro Galván.

Actualmente se reconoce que las condiciones anímicas de los jugadores se reflejan de manera fundamental en la cancha, pero en ese entonces no era algo común introducir la temática psicológica en el deporte y esto asustaba a los directivos.

El Doctor Galván diseñó una gran cantidad de pruebas para poder entender la complejas personalidades de los jugadores. Era necesario conocerlos de cerca para saber cómo se relacionaban entre ellos; qué jugadores infundían confianza, tranquilidad y seguridad a los demás; qué tanto les afectaba jugar en estadios gigantescos, con públicos diferentes y con otros climas; cómo se sentían al estar lejos de sus familias y comer alimentos diferentes. Había que indagar por qué se acomplejaban ante ciertos equipos y también era fundamental prepararlos para asimilar la frustración que conlleva la derrota y aprender a superar esa realidad tan frecuente.

Se comenzó por elaborar unos “sociogramas” futboleros para crear mejores vínculos entre los jugadores. Se esperaba que aprendieran a usar la cabeza, además de para meter goles,  para sentirse más seguros. 

El doctor Isidro Galván que era muy amigo de mi familia, llegó un día a nuestra casa con una invitación para mi madre. Le propuso que intentara poner en práctica con la selección nacional, algunas de las técnicas científicas de las que era experta.

 

         Una foniatra en las canchas 

  Paz Villalobos Ibarra, mi madre, destacó tanto en la medicina como en las bellas artes. Fue alumna de la gran pianista mexicana Ana María Charles y de la cantante rusa Sonia Verbitski, obtuvo el primer título expedido por la Secretaría de Educación Publica para una mujer y este estaba firmado por Silvestre Revueltas, Carlos Chávez y Manuel M. Ponce.

Chávez la convirtió en directora del coro del conservatorio y Revueltas la eligió en varias ocasiones para interpretar bajo su dirección, el segundo concierto de Rachmaninoff. 

Pero ocurrió que al interesarse por los mecanismos fisiológicos de la audición y el lenguaje se topó con mi padre y fue así como la vida de ambos dio un vuelco definitivo.

Interesados en la Fonología y la Foniatría se fueron a estudiar a Paris y a Nueva York, y a mediados del siglo XX crearon el Instituto Mexicano de la Audición y el Lenguaje, el IMAL.

La psicoacústica, la rítmica ortofónica, la anatomofisiología, las patologías del oído y la laringe, y la psicomotricidad eran parte de su quehacer cotidiano. Pero lo que al  Dr. Galván le interesó del trabajo de Paz Villalobos era poner en práctica las diversas experiencias musicales y rítmicas que a diario practicaba con sus queridos niños sordos.

¿Qué sucede cuando al pronunciar repetidamente ciertas frases, al cantar algunas canciones o al oír algunas melodías, se hace que esto coincida con ciertos ritmos corporales? 

¿Como podría influir esa incipiente musicoterapia en un juego que mi madre no solo desconocía sino que no le interesaba en lo más mínimo?

¿Por qué podría ser fundamental el saber cómo respirar adecuadamente tanto para cantar como para hacer deporte? 

Los entrenadores Ignacio Trelles y Raúl Cárdenas, evidentemente no entendían por qué sus jugadores tendrían que  experimentar con tan extrañas técnicas. Pero al entonces hombre fuerte del futbol nacional, Guillermo Cañedo, le pareció una buena idea intentar cosas novedosas. Fue así que mi madre desde su visión de foniatra conoció las peculiaridades del juego a nivel de la misma cancha.

 

             Hacer goles bailando 

Recuerdo perfecto a toda la selección mexicana en el IMAL, ahí estaba “el cinco copas” Antonio Carbajal, Enrique Borja, Ignacio Calderón, Jesús del Muro, Salvador Reyes entre tantos otros. Todos intentaban tocar algún instrumento, bailar o formar coros, mi madre quería detectar qué jugadores tenían buen ritmo y cuáles no. Después de aplicarles muchas pruebas decidió formar dos equipos, los vistió con camisetas de diferente color y los puso a jugar. Ella que apenas estaba entendiendo algunas de las reglas del futbol, comenzó a contar las faltas, los pases, los goles, las carreras, los tiros, los golpes. Hizo su propia selección y la puso a competir contra los demás, les pidió que metieran goles bailando y así obtuvo  resultados sorprendentes. El tema cobró más relevancia cuando pidió que se instalaran grandes bocinas en plena cancha, se pasaba los entrenamientos observando el desempeño de todos sus futbolistas. Tomaba notas de cómo en ciertos momentos particulares del partido, ante la influencia de los diferentes sonidos y ritmos que ella había seleccionado ex profeso, los jugadores se animaban. Observó un cambio en su rendimiento y en su ánimo, el experimento resultó interesantísimo. Le encantaba poder demostrar que “su selección con ritmo” superaba a la que no lo tenía, pero para equilibrar la situación se puso a trabajar con los jugadores “menos musicales”para introducirlos en el mundo de la cadencia y el compás.  

 

    Jugando en la catedral del futbol 

Y así llegó la etapa de probar en el extranjero las diferentes tesis de Isidro y Paz, al llegar a un país lejano lograron que se organizaran pláticas culturales con los embajadores para familiarizar a los jugadores con las diferentes culturas a las que pertenecían sus contrincantes. Fue esencial que pudieran entender que el hecho de perder un partido no significaba una tragedia y que lo más importante era dar todo en la cancha.

 Finalmente llegó el día del gran examen cuando el equipo mexicano pisó los pastos sagrados del monumental Estadio de Maracaná en Río de Janeiro. El encuentro estaba programado con la casi invencible selección brasileña que ese día alinearía a un tal Pelé, los cariocas sólo habían perdido en dos ocasiones en ese gran estadio, la peor fue el terrible Maracanazo de 1950.

Corría el minuto 18 del primer tiempo de aquél 31 de octubre de 1968 cuando cayó el primer gol contra México. Pero ahí estaba el Dr.  Galván gritando,  “no pasa nada, sigan peleando, vamos, sin complejos” y un minuto antes de terminar el primer tiempo, Isidoro Díaz, el gran chololo, empató el marcador. Al inicio del segundo tiempo todo parecía muy complicado, pero de pronto, apareció Javier Fragoso y anotó para los verdes ¡un segundo gol! así fue como se derrotó, en su propia casa, al famoso Scratch du Oro. Dos años más tarde, esa misma selección brasileña ganaría en la Ciudad de México la copa del mundo. 

    Con el tiempo, los entrenadores de la Selección Nacional cambiaron y el Dr. Galván se fue al Cruz Azul, al Toluca y al Zacatepec, a los 3 los hizo campeones en la primera y en la segunda división, respectivamente. 

      ¿Tendrá algo que ver el ser local, sirve que le canten a los jugadores el cielito lindo, o tocarles una batucada?   ¿Será importante seguir animando a un equipo aunque se esté perdiendo?

Hoy el futbol ya no es lo mismo, el comercio lo rige todo y una buena parte de los jugadores que pelean por su país en el mundial, jamás juegan en él.

   Para finalizar, vale la pena  hacer un experimento para recordar como era el viejo futbol. Busquen por ahí algún buen partido, acompáñenlo con  música de samba y rápidamente notarán la diferencia. Así les resultará más fácil entender cómo todo ha cambiado, el nuevo modelo del espectáculo atiborrado de dinero, comercio y tecnología, terminó con el rítmico y artístico futbol de aquellos tiempos.

 

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