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La manipulación, el juego de los poderosos


Publicado el 6 de Abril del 2018 12:47 p.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

A propósito del escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, el periodista Leo Peralta pone el dedo en la llaga sobre la incapacidad de las autoridades mexicanas de lidiar con las trampas digitales de la información en su artículo titulado “Marginados digitales, una nueva vulnerabilidad electoral” publicado este lunes 2 de abril en el portal huffingtonpost, donde hace un análisis de pig.gi, una aplicación para internet móvil de uso libre en Latinoamérica pero con un bloqueo preventivo en Colombia “por su aparente vinculación con posible tratamiento ilegal de datos personales”.

El periodista alerta que en la mira de este tipo de compañías se encuentran los jóvenes wifieros, grupo vulnerable por su necesidad de promociones para obtener tiempo aire para mitigar sus necesidades de datos. Esta empresa, a la que se puede acceder sin problema en México, recientemente se deslindó de Cambridge Analytica y lo que se comenta en este artículo es preocupante, toda vez que ha quedado comprobado cómo pueden influir en el resultado de una elección las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Sin embargo, lo que sí hay que precisar es que el estudio de la mente humana y las estrategias para influir en las decisiones de las personas es más antiguo que el estudio de la psicología. Es un hecho indiscutible que la manipulación ha jugado un papel determinante a lo largo de la historia de la humanidad, solamente que ahora tenemos que enfrentar esa realidad de una forma más sofisticada con tecnologías que han rebasado las normas morales y jurídicas. Aunque existen otros hechos cronológicos previos, hay que recordar que 1981 es el año que IBM puso a la venta la primera computadora personal y en 1989 nace la red informática mundial. Estamos pues, en pañales todavía.

La manipulación es manosear la realidad para influir en la decisión del otro y satisfacer de esta manera algún interés en particular. A nivel político, los más hábiles operadores de la manipulación están al servicio de los poderosos. Entre más desapercibido sea el instrumento para manipular a las personas y mientras mejor se oculten las intenciones reales del instrumento manipulador más exitosa será la manera deliberada en que se influya en el comportamiento de los individuos, en este caso, en las decisiones de los futuros electores.

El poder tiene la capacidad de usar la violencia pero el uso de la fuerza no es tan efectivo como sembrar el miedo, no se trata de obligar ni amenazar, tampoco de persuadir con argumentos que deberían ser evaluados, ¡no! Porque eso sería pensar, ir a la conciencia, ¡no! Por eso no se trata de convencer frontalmente sino de influir subliminalmente, de manipular, de seducir, de sembrar dudas y encaminar las mentes a tomar la decisión –más emocional que racionalmente- que favorece al sistema.

Dennis Hume Wrong advirtió en una de sus obras, antes de la existencia de las computadoras personales y del internet, que es posible manipular a la población haciéndole actuar en contra de sus mejores intereses: se puede manipular la mente humana no solamente para inducir a la compra irreflexiva de determinados productos sino para votar por ciertos candidatos.

Dennis Hume Wrong, sociólogo estadounidense de origen canadiense y profesor emérito de sociología en la Universidad de Nueva York, tiene 94 años de edad. “Libertad o justicia, esas grandes palabras que nos hacen tan infelices”, dijo alguna vez parafraseando a Stephen Dedalus, personaje de ficción y álter ego de James Augustine Aloysius Joyce, escritor irlandés conocido como James Joyce (1882-1941).

“La libertad o la justicia son conceptos esencialmente controvertidos, lo que significa que las personas con diferentes valores y creencias están obligadas a estar en desacuerdo sobre su naturaleza y definición. El poder, sin embargo, no me parece un concepto inherentemente normativo. [...] su alcance y omnipresencia, su participación en todas y cada una de las esferas de la vida social, le dan un matiz evaluativo casi inevitable. Las auras positivas o negativas, benignas o malignas, vienen a envolverlo, vinculándolo aún más estrechamente a la controversia ideológica. El poder como atributo genérico de la vida social se parece más a los conceptos de "sociedad", "grupo" o "norma social" que a nociones esencialmente e ineludiblemente normativas como "justicia", "democracia" o "derechos humanos”, sostiene Dennis Hume Wrong. De aquí al primer domingo de julio no hay tregua ni reposo: la manipulación, ese juego de los poderosos, ahora habla de la “volatilidad” de una cuarta parte del electorado, de los indecisos, de esos que de última hora pueden cambiar el resultado de una elección. Las encuestas, sin duda, no definen el resultado final.

 

 

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