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Las arepas


Publicado el 11 de Septiembre del 2017 9:21 a.m. OPINIÓNAndanzas



Por: Ernesto Leyva

 

Era una tarde de enero como reza la canción pero en el añejo del 1988, ya teníamos edad para pecar ósea  mayoría de edad, no sean cochambrosos de la chompa, cuando a los lejos veo llegar  a un morro más flaco que la mismísima calaca tilica y flaca, con una estatura de a 2 metros, era el famoso “Flacamán” quien venía agüitado porque no encontraba tenis de su talla ya que el señorón marcaba del número 12. A moco tendido nos platica su tristeza. "Nombre fui a la zapatería y no había numero 12; he ido a todas y no lo consigo". ¿Y cómo le haces para andar con zapatos? En eso volteo hacia abajo y veo el porque. 

El "Flacamán" tenía que cortar de las puntas sus zapato como en los bellos tiempos que las mamás por no desaprovechar los zapatos cuando los niños crecían cortaba la punta de los zapatos para que los cargaran y no gastar en otros, pues el flaco hacia lo mismo cortaba la punta de los tenis y salían su dedos liberando la presión y no lastimarlo por ser zapatos apretados. Iba a continuar con su rollo cuando le digo; "mira ya se dónde puedes encontrar zapatos a tu medida, vete de bolón pimpón al mercadito, es el que llegan todas las tranvías como la central camionera a donde vende tacos de carne asada doraditos" así es le conteste cayéndoseme la baba no más de acordarme de los tacuaches. 

Bueno va con doñón que está del lado oriente del mercado, el hace zapatos de todos los tamaños, mi abuela me llevaba con él, ya que me hizo varios, a esos zapatos le llamamos “las arepas” por la mayoría que los usa calzan del número gandalla ósea, son para puros patones, pasaron los días como pasan los aboneros por las calles, cuando llega el flaco con sus arepas, al verlo le dijimos en coro ¡es todo mi flahs!, con una sonrisa de oreja a oreja me dio las gracias ya tenía mucho sin poder ponerse zapatos, y la cuestión era también monetaria ya que traer zapatos a su medida era muy caro. 

Jamás me separaré de mis arepas me contestó con la mano en la pechuga. Con el tiempo el flaco agarro una buena chamba y ya pudo comprarse zapatos exportados de los Estados Unidos;  una vez llegó con carro del año, preguntádonos dónde había un zapatero, de volada lo mandamos con uno, al llegar con él vemos que va sacando sus arepas, el zapatero le dijo "¿a poco piensas arreglar estas arepas?", no contestó; las traía para tirarlas, pero pensé arreglarlas y regársela a alguien, diciéndolo con mucho desprecio, salimos de con el zapatero, el flaco se despidió arrojando las arepas por el boulevard, las levante y salí caminado hacia el barrio de los “Nacos” dejé las arepas en el poste y va pasando un albañil, el cual me pregunta ¿son de usted estas arepas?; No las tiro un amigo, chale si todavía están buenas ¿me lasregala? Ahorita voy a echar un colado. sale le contesté, se puso las arepa y agarró camino. Lo que voy a colación es que lo que le sobra a alguien a otro le hace falta, por eso hay que ser feliz con lo que hemos logrado y jamás perder el suelo, como el flaco lo hizo con sus arepas.

 

 

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