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“Los Bostonianos”


Publicado el 12 de Septiembre del 2016 2:05 p.m. OPINIÓNAndanzas



Por Ernesto Leyva

Era una tarde lluviosa de 1982 ya casi se llegaba el tiempo en que entraríamos a la secundaria, estaba un poco preocupado ya que es la edad en que uno empieza a crecer y la importancia de vestir bien nos  llega, ya que empezamos a quedar bien con algunas morrales. La cuestión es que no tenía zapatos; el pantalón azul y la camisa blanca era los mismos que use para salir de sexto año, era cuestión de sacarlo de la almohada y ponerlos en circulación, pero los papos nanays, lo único que me acompañaban eran uno tennis marca maratón que ya casi estaban para pasar al mundo de los fríos. En eso estaba cuando llegan el "Cacho" y la "Birria". Al modo riéndose  solos como si les faltara un tornillo en el caletre. ¿Qué onda?, me dicen al mismo tiempo, ¿listo para ir a la secu?

¡Simon!, lo único que me falta son unos zapatos, no te agüites contesta la "Birria" yo tengo unos cascorros más amolados, que parecen que tiene hambre y les entra el aire acondicionado. Pues yo me compré unos zapatos flexi a todo dar, los compré con lo que me dan de paquetero en la tienda, nos contestó el "Chacho", ¡pues ya ven, no quieren trabajar! nel, mi "Chacho" yo soy pobre pero con dignidad yo no trabajo, ¡pues síganse poniendo los tennis todos rotos!.

Pues como al tiempo es lo único que el ser humano le hace los mandados este llegó sin pedir permiso, al momento de llegar las morras que nos llevaban un año adelante fueron a ver el ganado, exclamando un morra de modo despresiante, estos son los nuevos, que gachos; están refeos, chale vámonos plebes están bien horribles, la "Birria" al oír eso se agüito más que un cholo sin grabadora, ya que la maestra de sexto a todos nos había dicho que estábamos bien guapos, cosa que no me la creí, viendo a la "Birria" y al "Chacho" que estaban más defectuosos que un silbato todo ensalivado de un árbitro de futbol. 

Para acabarla de amolar, me doy un tropezón y ¡Zas! se me suelta la suela de mi tennis maratón y me quedo a raíz, no te agüites dice la "Birria" ponte una agujeta de las mías para que te lo amarres. Llegando a mi cantón estaba más triste que una doña cuando da fin su churronovela. Cuando la bronca llegó, no había de otra, más que comprarme unos cacles para ir a la escuela.

Eran las doce y media del día cuando pasa un viejón vendiendo zapatos en abonos, llegó a la casa preguntándome con voz graciosa, ¿eres tú el morro que se quedó sin tennis?. Al preguntarme eso me dio un coraje que casi le aviento con lo queme queda de tennis en la cara de simio que se traía el wey. Ese zapatero era de los vatos que le hacían al chistoso, quedando más mal de sus chiste de carpa barata, al estilo Eugenio Derbez o sea que ya sabrán.

Morro se te acabó tu problema, tu jefa me dijo que ocupaba cacles y aquí estoy para alivianarte, escógelos y nomas me firmas ya vez como es la raza de olvidadiza, yo no firmo nada y váyase con sus cacles, no te me esponjes morro tu jefa ya me dio instrucciones, agarra el par que te guste y ponle "Jorge al niño". 

En eso mi cabeza dio un vuelco y mi mente viajo en tren expreso, que ya me miraba con mis cacles nuevos y todas las morrales se me quedarían mirando y ya no tendría de tapar mis tennis todos rotos y la neta los tapaba porque por las ventilas salía un olorcito a patrullas que para que les cuento. 

Estaba en mi rollo cuando el zapatero me dice: ¡hey morro despierta!, aterriza, parece que te fumaste un extra largo, no se agüite maistro y ¿en dónde le firmo para condenarme?, porque se le ve una  cara de usurero, que no puede con ella. Ten me dice son unos Bostonianos imiteishon, pero son Bostonianos, aquí toda la burrada les llama monstronianos ya que están gandallas, pues me puse los monstruos y me jalé para la school ya que ya iba a ser oreja. 

En cuando llegue me dice toda la raza, pisotón, pisotón ¡para que te duren!, y ¿cómo se dieron cuenta que traigo cacles nuevos?  Jajaja contesto el "Cuarenta y uno",  un morro que era el "suavecito" de la escuela ahora no les digo jotolays por que me condena toda la raza feisbuquera.

 

Eres como las carcachas no más te ponen una tuerca nueva y se le nota. Y todo la raza me da unos pisotones, que llegando a mi casa me temblaban todo los de dulces. Al pasar el tiempo me pongo a camellar porque no había de otra sopa y entro a un taller de carrocería y empiezo a ganar lana, para ese entonces ya tenía un añejo con mis Bostonianos. 

Un sábado de paga me agarro la feria y me voy para el tango y empiezo a ver zapatos nuevos  ya que los Bostonianos ya me habían aburrido, llegue a la casa me puse mis papos nuevos, agarro a los Bostonianos y en forma de desprecio los lanzo al patio donde había tanto cochinero, que si encallaban un barco ahí se perdía, de todo el cachivachero que teníamos. Con mi trabajo sube de nivel tenia buena ropa y zapatos de a montón ya no me acordaba de mis Bostonianos del parón que me habían hecho cuando andaba casi descalzo, paso el tiempo, llovió, trono, cayeron  tormentas y el patio seguía igual de mugroso. 

Al paso del tiempo me quedé sin trabajo y la situación precaria deambulaba en mi cantón y ya ni para zapatos tenía, los que traía se les salía el calcetubo por las orillas. Una tarde lluviosa me asomo por la ventana que da al patio y entre la lluvia divise a mis Bostonianos arrumbados, de volada me lance por ellos y los rescate, estaban tan doblados que parecían chicharrones, los empecé a desdoblar y le aplique tinta con una chinola y los puse en circulación, esta lección de la vida me puso a razón de que no hay que despreciar nada que te haya servido y ser agradecido con estos mismos. 

Empecé a trabajar en la coca-cola al primer rayón que me dieron fui a carrocear a mis nuevos zapatos, los coci, les puse suela nueva y les pegue una pintada, quedaron como nuevos. 

Ya iba a entrar a la prepa, la "Birria" y el "Chacho" agarraron por otros rumbos, yo iba solamente caminito de la escuela con mis grandes compañeros mis ¡Bostonianos!

 

 

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