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Los complacientes


Publicado el 15 de Enero del 2018 8:42 a.m. OPINIÓNVALE VILLA



Por: Vale Villa

 

Es un síntoma ser incapaz de decir que no. También la necesidad de agradar a los demás y de evitar el conflicto, que es inconsciente, incontrolable, compulsiva.

Quienes se desviven por ayudar son fáciles de querer y algunos teóricos de la terapia familiar como Virginia Satir, afirman que se trata de personalidades complacientes (ella les llama aplacadores) que aprenden desde niños a agradar a los otros, a no dar problemas, a esconder sus sentimientos y sus deseos: porque saben que así tendrán garantizado el amor de sus padres o por lo menos evitarán las conductas atemorizantes de un padre o una madre enojados. Aprenden que si son considerados y cuidan de los demás, estarán seguros y quizá hasta se sentirán queridos.

Mujeres y hombres hablan de historias difíciles durante el crecimiento debido a la escasez económica, al alcoholismo u otra adicción de alguno de los padres, a la discapacidad emocional de padres neuróticos, violentos, perfeccionistas o demasiado débiles y a quienes siempre intentaron apaciguar, cuidar o rescatar. Haber tenido hermanos con alguna enfermedad grave, física o mental, también es otra razón para desarrollar una personalidad protectora y dispuesta a lo que sea para agradar o rescatar.

El problema con las personas complacientes-aplacadoras-evitadoras de conflicto, es que pierden la perspectiva de quiénes son al estar enfocados en los demás y al ignorar el contexto en el que ocurren las cosas: un hermano no debería hacer las funciones de una madre o un hijo pequeño no debería tener responsabilidades de adulto. Los menores que son como adultos pequeños lo hacen para protegerse, para sentirse seguros en un sistema familiar en el que las reglas no están claras, en el que nada se dice abiertamente y por eso aprenden a adivinar lo que los demás necesitan. Con el tiempo, dice Satir, estos “aplacadores”, pueden llegar a convertirse sin querer, dados sus niveles excesivos de lealtad y generosidad, en facilitadores de conductas adictivas o codependientes, porque su concepto de solidaridad está por encima de su propio bienestar e integridad física y emocional.

Rescatar, cuidar, ofrecer ayuda aunque no se la pidan, estar disponible, ser generoso con todos menos con él mismo. Todo con tal de que lo amen, todo para evitar las peleas, los desacuerdos o la violencia. Todo para evitar el horror de verse a sí mismo como alguien que debería tener la capacidad de enojarse y hasta de alejarse de la gente que ama si la relación es enloquecedora.

Quizá habría que preguntarse que estaría haciendo esa persona si ya no tuviera que preocuparse por su hija, marido, hermano o amigo. Qué haría con su vida, qué decisiones dejaría de aplazar, cuánto vacío sentiría sin tener de quien cuidar o a quien tranquilizar.

 

 

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