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Mi querida ladrillera


Publicado el 28 de Agosto del 2017 10:47 a.m. OPINIÓNDe Corazón Dorado - Por: Javier Llausas



Por: Javier Llausás

 

 

“No es tan complicado, con una maquina llevamos tierra de arriba hacia abajo para emparejar bien el claro, después le echamos tierra, no sin antes colocar un buen drenaje de piedra, un pequeño declive hacia el río y listo”. Corría Agosto de 1981 cuando el señor Elías Mejía decía estas palabras ante la mirada incrédula de Don Alejandro Sánchez y Antonio Velázquez, todos reunidos en un viejo y lejano terreno rodeado de árboles donde en el medio figuraba un viejo horno para cocer ladrillos.

Gracias a grandes deportistas y dedicados empresarios, ese terreno se convertiría más adelante en la cuna del futbol Sinaloense y en la escuela de cientos de niños y jóvenes futbolistas que jugaban cada fin de semana estremeciendo los cimientos de la vieja ladrillera en la que se convirtió el campo Princes.

¿Quién no recuerda su primer gol en este campo? Yo todavía lo tengo presente. Un remate de tiro de esquina conectando de cabeza justo antes de terminar el primer tiempo, nuestra llantera se ponía al frente y los de la frutería emparejarían más adelante… nunca antes una llantera y una frutería habían cobrado tanta importancia en mi vida. Así, poco a poco la vieja ladrillera absorbió momentos, ilusiones, goles y sentimientos que nosotros los culiacanenses le brindamos durante más de 20 años para que un día, hace exactamente 14 años,  la ladrillera evolucionara en lo que es hasta hoy  su forma más bella. Con toda su experiencia nos ha enseñado a reír, gritar y soñar, aunque también a aprender que no siempre todo es felicidad y que hay que seguir luchando hasta conseguir nuestros sueños.

A catorce años del inicio de la aventura Dorada, estoy seguro que no había otro terreno en Culiacán capaz de contener tantas alegrías, tristezas y emociones como nuestra ladrillera, un terreno que por su pasado estaba destinado a ser el guardián de nuestros sueños deportivos.

¿Y nosotros que hacemos para corresponder a todo esto? Nuestra labor es proteger la mística y el ambiente familiar, cuidar sus instalaciones y darle vida cada 15 días. La principal obligación de todo Dorado es extender su legado a las próximas generaciones hasta hacer que nuestros niños sueñen con pisar la cancha del Estadio Banorte enfundados en la camiseta Dorada.

El próximo sábado estaré de nuevo como cada quince días, como aquella lluviosa tarde de agosto de 2003 cuando me reencontré con un viejo amigo de la infancia. Aquella vez éramos diferentes: yo era ya un adolescente y mi ladrillera era un campo hecho y derecho. Nos reconocimos y bastó el primer gol de Héctor Giménez para transportarnos al pasado, a los calurosos domingos de futbol en donde todo estaba permitido… todo excepto volar el balón al río Humaya.

 

¡Feliz Cumpleaños Querida Ladrillera!

 

 

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