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Promesas y promesas, el ritual del engaño político


Publicado el 29 de Enero del 2018 10:11 a.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

“Prometes y prometes y luego me prometes, y nada, Prometes y prometes y luego me prometes, y no cumplirás”, así era el estribillo de la canción que hizo famosa la voz de Daniela Romo en 1985. No hay tema más actual, camino a la gran elección de 2018, que la cascada de mentiras y promesas que salen de los candidatos y –en general- de toda la clase política, aspirantes a cargos de elección popular con o sin partido.

La perversa tradición del cíclico engaño político es más inmoral que nunca: todos afirman tener la fórmula para acabar con la pobreza. Con cualquiera, de los actuales candidatos, que gane la Presidencia de la República podemos estar seguros que desaparecerán los pobres de México. Es un hecho, que a partir del 1 de diciembre, después de la transmisión del Poder Ejecutivo Federal se acabaron las angustias económicas de todos los mexicanos.

La verdad no tiene cabida. Al pueblo hay que enamorarlo diciéndole lo que quiere escuchar, ofreciéndole mil cosas y haciendo promesas, promesas y promesas. Es la hora del souvenir barato, del regalo inútil, de la gratificación, del bailongo y la sonrisa fácil, de las palmadas y las selfies, de pedir, pedir y pedir, de hacer como que se escucha, de acercarse, de fingir simpatía y aparentar humildad.

La megalomanía y la demagogia ya no son de uso exclusivo –en este ritual político- de un PRI que ha perdido su hegemonía pero no su estructura, ahora la suciedad y las trampas son del dominio público en el que entran estrategias de grupos y alianzas tácticas con enemigos políticos en la lucha del poder e incluso de particulares espontáneos.

La cultura de la mentira es universal, las fake news invaden las conciencias y viajan por el mundo a una velocidad vertiginosa pero en estos tiempos electorales los engaños son sistemáticos, disfrazados de verdad y con una letalidad que pueden inclinar la balanza, si resultan efectivos. Pueden, incluso, como sucedió en Estados Unidos, definir la elección de una manera sorpresiva.

Hay que subrayar que existe un hartazgo social que representa un caldo de cultivo propicio: el litro de gasolina supera el valor del dólar y en los países que tienen frontera con México (Estados Unidos, Guatemala y Belice) es más barata. Un litro de gasolina vale más que un litro de leche, que un kilo de tortillas, que un litro de coca cola, que una lata de comida o un bote de cerveza. Sumado a ello sube el precio del gas doméstico, aumentan las tarifas de bienes y servicios, encarece el costo de carne, frutas, verduras, huevo, frijol y azúcar. La ofensiva ostentosidad de los corruptos lastima a los mexicanos que luchan para sobrevivir, con empleos mal pagados y nuevas cargas por la creación de nuevos órganos fiscales en los estados y municipios que, además de la federación, cobran multas e impuestos cada vez más onerosos.   El valor de los ingresos de las familias disminuyen, la inflación rebasa cualquier aumento salarial, el crédito es caro, los préstamos son catastróficos y priva la inseguridad, el abuso y la injusticia, México muere por inanición de esperanza.

Ciertamente la mentira es una realidad universal, no es casual que el lema de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que promueve el Vaticano, este año se centre en las noticias falsas y clame por un periodismo de paz.

En este contexto, el Instituto Nacional Electoral (INE) anunció que buscará blindarse contra posibles ataques cibernéticos a través de la propagación de “fake news”, como se denomina a las noticias falsas tan de moda en las redes sociales. Sin embargo, el INE bien podría empezar por la información engañosa que descaradamente emiten los candidatos y toda la clase política involucrada que, de manera cotidiana, mantienen una guerra de lodo. El 1 de julio, bien podría ser el Día Nacional de la Mentira, con una Ley de Seguridad Interior cuyo poder podría ejercer el gobierno en la próxima elección para influir en el resultado, haciendo uso de las Fuerzas Armadas.

Sin duda, vivimos tiempos de crisis y convendría recordar el sentido etimológico de esta palabra que proviene del griego krisis que significa “elección”, es decir, decisión y que deriva del verbo krinein, es decir, separar. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo. Probablemente ha llegado el momento, en esta crisis, de tomar una decisión, de elegir y optar por un camino nuevo, o por lo menos intentarlo.

 

 

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