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¿Qué es la corrupción?


Publicado el 10 de Septiembre del 2018 9:12 a.m. OPINIÓNEl Clarín Por: Juan Bernardo Martínez Ventura



Por: Juan Bernardo Martínez

A veces suponemos que algo que está en nuestra vida por costumbre ya es parte de ella, y muchas veces aunque queremos y podríamos quitarla, no lo hacemos porque de inicio no estamos dispuestos a dejar eso que nos aqueja.

En nuestra vida nacional, tenemos a la corrupción como un mal que parece que sin él la sociedad no sobreviviría, todas las personas a todos niveles la usan, es una enfermedad que aunque podría quitarse (y muchos hacen el intento y aplauden sus propios esfuerzos), la gran mayoría de la población piensa y supone que no puede quitarse, que eso durará para las eternidades (según un político activo). En fin, al parecer la corrupción es un mal que la población repudia pero que al mismo tiempo la tiene por necesaria, que piensa que no se acabará y aún peor, que la usan.

Por origen etimológico la palabra corrupción viene del latín corruptio (acción y efecto de destruir poco a poco, de alterar por putrefacción, también acción de dañar, de socavar, de pervertir, de desvirtuar, a algo o a alguien). Tiene la misma base del verbo corroer, que viene del latín corrodere (roer intensivamente, desgastar algo en su conjunto royendo). Entonces, por definición en base etimológica, la corrupción es la acción de destrucción gradual de algo o alguien.

Se corrompe a las personas invitándoles a participar de drogas, de vicios, o de actividades que les permita ganar dinero deshonestamente. Se corrompe a la familia, al quitarle importancia a la fidelidad conyugal, o a la autoridad del liderazgo que los padres deben de llevar. Se corrompe a la sociedad al educarla de una manera en la que resultarán personas infelices, también se corrompe a la sociedad brindándoles proximidad a entretenimientos carentes de valores. Se corrompe el gobierno cuando se diseñan planes y estrategias con la intención de no beneficiar al pueblo, sino para beneficiarse directamente quienes los diseñan. Se corrompe a la democracia cuando los votantes son engañados de manera intencional prometiéndoles cosas que de antemano saben que no cumplirán. Se corrompen a las instituciones cuando se contrata el personal por recomendación o compadrazgo, sin importar su preparación o habilidades. Se corrompe el poder legislativo cuando su agenda se torna en leyes quecontrario a beneficiar al pueblo, únicamente beneficiará a la clase política. Se corrompen las instituciones educativas cuando intencionalmente se desvía la atención de los aspectos educativos importantes y sólo se fijan en los intereses laborales y sindicales. ¡Etcétera!, hay muchas maneras de corromper, tantas que son innumerables. Lo importante es aceptar que hay corrupción, identificarla y evitarla.

A NIVEL GOBIERNO. En la aceptación de su existencia, cada gobierno promete terminar con la corrupción, reconoce que es una práctica usual, y luego promete que implementará programas o estrategias para terminar con la corrupción, primero la identifica, después la persigue y finalmente la castiga, o por lo menos a las personas que la llevan a cabo.

Pero… ¿Qué ha sucedido al paso de los gobiernos que la corrupción ha estado en crecimiento?, a pesar de la aceptación de la existencia de la corrupción y de su “lucha contra la corrupción”, ésta sigue en aumento. ¿No es irónico?

Francamente, me parece que la corrupción es un mal tan aceptado por los políticos y sus agregados que no están dispuestos a dejarla de usar. A través de los años les ha brindado tan jugosas ganancias con tan pocos y leves castigos que les permite arriesgarse a ser corruptos y obtener beneficios con el menor temor posible de una consecuencia fatal para ellos. De hecho he conocido candidatos y funcionarios que el único interés por el que están en el servicio público es “ganar varo”.

Si realmente los políticos quieren quitar a la corrupción de entre sus prácticas, deberían de estableces sanciones más firmes y completas como para que no puedan ser violadas o ignoradas, para castigar severamente a la corrupción y no pasar por inmunes a las personas que evidentemente se enriquecen ilegalmente a costa de del pueblo. En tanto sigan existiendo casos como el de Elba Gordillo, podemos estar preparándonos para saqueos, malos manejos, desvíos e impunidades “sin ton son son”, es decir, corrupción al por mayor. Es una gran vergüenza para el pueblo que con los brazos cruzados se queda en esta toma de corruptas decisiones.

Si queremos un país libre de corrupción (pero en serio), hemos de tomar el control de nuestras acciones, y procurar no contaminar nuestra persona, ni nuestra familia, ni nuestros trabajos, ni nuestra sociedad. No podemos permitir o consentir que el evidente uso de la corrupción además sea aplaudida. Tenemos que tomar el control de nuestros propios hechos y dejar de corromper, y al mismo tiempo condenar abiertamente cualquier hecho de corrupción.

Se puede empezar a nivel gobierno con mayores y completas penalidades. Nosotros podemos empezar como individuos a ser “derechos” en nuestra palabra y en nuestros hechos. Por supuesto que se necesita valor para enfrentar las consecuencias, pero más se necesita estar bien dispuesto para dejar de ser corrupto y luchar contra ése mal.

 

juanbernardo@clarinmx.com

 

 

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