[ Cerrar ]

Que le pasa a las parejas


Publicado el 21 de Enero del 2019 10:45 a.m. OPINIÓNCosas de Mujeres - Por: Liliana Arango



Por: Liliana Arango

Cada vez entiendo menos a las parejas. Vaya problema, porque entre otras cosas, trabajo con ellas en el consultorio.

Me intriga cómo le hacen para permanecer juntos, cuando han llegado a puntos tan deteriorados en su relación. Cómo logran acumular ofensas, cuentas pendientes, enojos, frustraciones, cosas sin decir, silencio y desamor.

Me inquieta mucho escuchar las listas infinitas de peticiones que se hacen el uno al otro. Todo lo que se espera que el otro haga, diga, sienta y piense. Peticiones que en el fondo hablan de insatisfacción personal y de un deseo de control y de poder sobre el otro, disfrazado de necesidad emocional.

Las mujeres en eso de las listas, somos una pesadilla. Tenemos mucho más detallado el mapa de cómo nos gustan las cosas. Muchos y más estrictos controles de calidad sobre qué hace y cómo debe verse un hombre que en verdad nos ama.

Como la pareja de Mario, que siempre le está cobrando lo que le debe en términos afectivos. Para ella lo que él da, nunca es suficiente. Siempre pudo haber sido más lindo, más cariñoso, más entregado. Mario frente a la insatisfacción permanente de su mujer, siente que cualquier esfuerzo que haga, será en vano. Mario, el de las poquísimas palabras y la dificultad para sentir y expresar lo que siente, deja de intentar cumplir con las peticiones. Y se arma la guerra del desamor.

Poco hemos entendido, aunque proclamemos lo contrario, que aunque siempre tenemos como referencia a los otros, sentirnos bien o mal con nuestra vida, es un asunto bastante personal y un gran reto. Enfrentarse con la propia existencia, con el sinsentido, con el aburrimiento, el desánimo y las dificultades es fundamentalmente, un acto individual.

Cuando se tiene una pareja, la tentación de proyectarle todos estos sentimientos es muy grande.

Dame, mírame, quiéreme, diviérteme, cuídame, ámame, cómprame. Y a veces en el tono más autoritario que podamos imaginar.

He oído sobre todo a las mujeres, quejarse de no ser miradas por sus maridos. No se dan cuenta de que ellas tampoco los miran, que rara vez toman iniciativas en cualquier terreno. Que están esperando aún que él sea quien promueva el sexo, las vacaciones, la ida al teatro o comprar algo que necesitan los dos.

He escuchado a muchos hombres quejarse de las necesidades de comunicación de sus mujeres. Muchos quisieran llegar a casa y que nadie los molestara ni les dirigiera la palabra.
Hombres y mujeres emparejados creen tener el derecho de aconsejar o hasta de regañar al otro, como un padre o una madre lo haría con un hijo pequeño. Son clichés, pero observables en la clínica muy frecuentemente.

Que difícil es verse a uno mismo, narcisismo en pleno. Sí, ese monstruo que habita en todos y que nos dice que tenemos la razón, que lo nuestro es más importante o urgente, que las palabras más importantes son las que yo digo y no las que soy capaz de escuchar.

Qué poco sabemos callarnos. Qué poco capaces somos de escuchar y comprender. Cuántas necesidades infantiles de amor incondicional le colocamos a nuestra pareja. Qué poco adultos somos para asumir nuestra responsabilidad.

La verdad que en el fondo, la cosa debería ser más simple. Me gusta lo que eres y cómo eres, o no. Y a partir de la respuesta, seguir adelante o irse. La cosa es que no nos vamos. Nos quedamos porque a lo mejor después se pone bueno. Porque quizá cambiará hacia donde yo necesito. Nos quedamos, dejando pasar muchas señales de alerta, porque nos apasionamos y dejamos de pensar en el después. Nos quedamos para frustrarnos por todo lo que no es.

Hay tiranías por todos lados. La de la sonrisa permanente, la de la obligación de ser feliz, la de la vida exitosa, la de ser pleno en el amor .

Si yo no pido que me llenen el vacío. Si puedo escuchar más y hablar menos. Si demando menos y recibo lo que hay. Si contengo mi voracidad y me vuelvo un poquito más generoso, si todo eso y un poco más de eso, quizá sea capaz de hacer pareja en formas más gozosas y menos exigentes.

Es altamente probable que hable desde mi condición personal y profesional. Pero en serio, cansa ver a tanta y tanta gente exigiendo y demandando del otro. Cansa y decepciona la poca disponibilidad a la conversación franca y a la cara. Cansa que sigamos pensando que la felicidad está en el otro y no en lo que entre los dos construimos. Cansa porque la vida es finita y porque perdemos el tiempo en nada.

Seguiremos buscando el amor, creyendo que nos enamoramos, quejándonos de nuestra pareja, creyendo que la felicidad está en otro lado. Tal vez así estamos hechos.

Así que sabiendo que nos falta tanta madurez e inteligencia para amar, podríamos tomarnos menos en serio todo lo que pensamos sobre el amor. Podríamos reírnos tantito de los errores que hemos cometido. Nadie nos decepciona, porque las expectativas y las ilusiones, son propiedad personal y privada. Si asumimos eso, seremos menos víctimas y más sujetos libres para construir nuestra realidad.

 

 

NN Noticias Sinaloa 2015. Todos los derechos reservados.