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Reconciliándonos con nuestros padres


Publicado el 13 de Noviembre del 2017 8:40 a.m. OPINIÓNRocío Labastida



Por: Rocío Labastida

 

Cuando somos niños, pensamos que nada es suficiente, a veces no valoramos los esfuerzos de nuestros padres, y pensamos que no nos quieren lo suficiente y que no nos dan lo suficiente, suficiente amor, suficiente cobijo o comida, suficiente tiempo.

Esto es porque el niño es egocéntrico por naturaleza, cree que todo gira a su alrededor, y que todo lo que tienen que hacer sus padres es cuidarlo. Esto es por la poca madurez que tiene y que no le permite comprender el complejo mundo de los adultos, así como todas las responsabilidades y compromisos que sus padres llevan a cuestas.

Sin embargo, con el tiempo vamos creciendo y comprendiendo mejor el mundo de la vida adulta, vamos madurando. Esto nos lleva a tener una mirada diferente a las vivencias y carencias que tuvimos de niños. Los invito ahora, como adultos, a volver a ver a esos padres, y comprender el gran esfuerzo que hicieron para lograr la realización de tu vida y de tus sueños.

Incluso, si tus padres te pegaron, o hasta te abandonaron, perdónalos, los padres solo dan lo que tienen, lo mejor que ellos pueden dar con las limitadas herramientas y conocimientos que poseen, no con lo que quisieran, solo con lo que ellos son, lo que poseen y las circunstancias que les tocaron vivir.

Si su padre le pegó, seguramente así aprendió de esa manera el amor y los cuidados de sus mayores, si tomaba, seguramente estaba acostumbrado a ver eso en casa.

No quiere decir que estemos de acuerdo con esa conducta, y la repitamos con nuestros hijos, quiere decir solamente que ellos no pudieron hacer en ese momento algo mejor, y que tú ahora, con tus conocimientos, experiencia e inteligencia emocional, decides entenderlos y mirarlos con ternura.

Hagamos este ejercicio: imagina a tus padres enfrente de ti, los biológicos y los de crianza si fuiste adoptado o criado por un familiar. Ahora imagínatelos pequeños, con sus padres, con sus carencias, con sus limitaciones, con sus problemas, con el trato difícil que les tocó sufrir, si sus padres murieron cuando eran niños, si faltaba lo más necesario.

Ahora mira con ternura a esos niños que son tus padres y diles: ahora entiendo, lo siento, e inhala profundamente por la nariz y exhala por la boca. Sé que me dieron lo mejor que pudieron, lo que estaba en sus manos, y acepto la vida con todo lo que ustedes tuvieron que pagar por ella. La acepto y la tomo, con todo lo bueno y lo no tan bueno.

Haz una reverencia ante ellos, o si alguien puede representarlos, es mejor.

Ahora di: Les pido por favor que me permitan tener una vida feliz, plena y exitosa, les pido por favor que vean con buenos ojos que yo tenga una vida diferente a la suya. Inhala por la nariz, exhala por la boca, y te despides con una reverencia, das la media vuelta a tu pasado, y volteas a ver el futuro, o tus hijos, o tus futuros hijos y diles: ahora estoy list@ para tomar la vida, y transmitirla a ustedes con todo lo bueno y lo no tan bueno que me tocó vivir.

Bendiciones, Namaste.

 

 

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