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Ricardo Alemán, el apestado


Publicado el 14 de Mayo del 2018 10:13 a.m. OPINIÓNMiguel Alonso Rivera Bojórquez



Por: Miguel Alonso Rivera Bojórquez

 

Ricardo Alemán vive la situación del apestado: sufre en carne propia el rechazo y la repulsión, carga a cuestas todos los estigmas del mal absoluto y el linchamiento moral más destructivo.  Su presencia produce miedo, como si padeciera una enfermedad catastrófica y sumamente contagiosa.  Su expulsión de casi todos los medios en los que laboraba–Televisa, TV Once y Milenio- parece evidente y justificada tras el tuiter, ampliamente conocido, que lanzado a un público de seres vivos y cadáveres, seres cultos y razonables así como alienados delirantes, santos y demonios, los lleva al límite como la peste negra en la Edad Media y desata la indignación, la furia, la confusión y la reacción más perturbadora, el deseo de castigar su comportamiento.

Borrar el tuiter y su rostro pálido, sus palabras titubeantes, tratando de pedir una disculpa que no le sale de la garganta para detener la avalancha de odio no fueron suficientes porque ya le había echado más leña al fuego llamando “legión de idiotas” a los que le reclamaban su mensaje. Su mundo resulta ya indefinible. Todavía perplejo, como si hubiera despertado de una pesadilla, acude a dar su versión con el periodista Ciro Gómez Leyva quien para iniciar la entrevista le pregunta sin preámbulos sencillamente: “¿Qué fue lo que paso?”

- Me equivoqué, dijo Ricardo Alemán. Luego sostuvo que el nivel de polarización del actual proceso electoral ha llegado a niveles alarmantes y que un amigo le había aconsejado usar escolta. Sus palabras regresaron convertidas como un “boomerang” tan devastador que ahora siente un ambiente cargado de agresividad en su contra.

Sin embargo, con voz pausada, todavía se atrevió a comentar:- ¡Cuidado, porque los carniceros de hoy pueden ser las reses de mañana!

Este caso emblemático tiene diversas lecturas pero nos debe recordar que, parafraseando los textos bíblicos, la lengua es el animal más duro de domar cuando la razón duerme, es la inspiración de la serpiente y por eso las palabras tienen el poder de la vida y la muerte.

Quiero aclarar que no soy religioso pero recomiendo la lectura del capítulo tres de Santiago, versículos del 1 al 12, donde dice que la lengua es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal y que aquel que puede poner freno a su lengua es un varón perfecto.

¿La caída de Ricardo Alemán es tan dura como sus pecados? Vivir en las alturas hace sentir el cobijo de la impunidad y quizás el mayor de los pecados es la soberbia. En la cúspide, las plumas del poder tienen tantos amigos como enemigos y por tal razón hay que hacer buen uso de la palabra. Ricardo Alemán, hasta el día de su fatídico tuiter, hacía lo que le daba la gana sin que nadie se atreviera a frenarle.

La noche del 22 de enero de 2018, Ricardo Alemán escribió el siguiente tuiter: “Qué imbécil el hijo de Colosio! Nunca entendió el magnicidio de su padre! Y ahora navega entre la estupidez y el lugar común!!!” Colosio Riojas le respondió esa misma noche: “Ilústreme entonces, usted que seguramente lo sufrió más que yo, a juzgar por su mensaje. Sea serio, por favor.”

Nada había frenado a Ricardo Alemán hasta que el 5 de mayo de 2018 él mismo le hizo una grieta a su poderosa armadura blindada y recubierta de teflón al publicar un mensaje que apareció como tuiter en su cuenta personal y que, después, dijo había sido un retuiter al que le puso dos palabras: “Les hablan!!!” (sic)

El mensaje difundido en una imagen de tuiter fue: “A John Lennon lo mató un fan, A Versace lo mató un fan, A Selena la mató una fan, A ver a qué hora, chairos”.

Chairo es un término despectivo para señalar a los seguidores de AMLO y según el Diccionario del español de México la palabra es un sustantivo y adjetivo ofensivo que significa: “persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes”.

Ricardo Alemán, quien dedico una columna a revelar a detalle sus cuestionados ingresos, hoy es un apestado del que reniega incluso la clase política que lo había alimentado y que ahora lo deshecha como un despojo inservible.

Muy probablemente la tragedia de Ricardo Alemán parezca una estúpida lección de moral a la luz de los excesos cometidos en la manipulación de la percepción social pues ahora la estrategia en este proceso electoral, a dos meses de las elecciones, se concentra en que sea vea a Meade como el candidato que debe ganar si predomina “la sensatez y no la viscera” al momento de emitir el voto, es decir, según esta nueva campaña nadie en su buen juicio, con prudencia y madurez en sus decisiones votaría por un López Obrador al que se publicita como un ignorante necio, torpe y senil. A dos meses de la gran elección tenemos un circo de tres pistas, donde todas operan y presentan espectáculos distintos. Nadie sabe ya hacia dónde ver pero de algo hay que estar seguro: nada es lo que parece.

 

 

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