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Sin la mínima seguridad


Publicado el 12 de Noviembre del 2018 9:10 a.m. EDITORIALEDITORIAL



Uno de los derechos que debe brindar el gobierno a sus ciudadanos son Seguridad, Salud y Educación, casi en ese orden de importancia, sin embargo en materia de seguridad el Estado se ha visto rebasado con índices de percepción tan elevados de la violencia que hay en las calles día con día, es muy común escuchar, "A este señor lo "levantaron", porque de seguro andaba mal", "a esa mujer la mataron porque algo sabía, o se metió con quien no debía" y sin embargo, no siempre es así, pero somos prestos para juzgar a las víctimas y victimizarlas aún más.

Los hechos violentos que se viven en las calles no van dirigidos para alguien en específico, muchas veces son al alzar, todos pueden ser víctimas de un asalto, de un robo de vehículo, de un secuestro, e incluso ser víctimas colaterales solo por estar en el lugar donde estaba alguien más a quien querían ultimar.

Cuantos casos no se conocen que quedan sin resolver y qué decir de las mujeres que son víctimas de las manos conocidas, esos feminicidios que van incrementando, pues del primero de enero de 2017 al 30 de octubre de este año la Fiscalía de Sinaloa judicializó 3 mil 22 casos de delitos en los que las víctimas son mujeres.

Solo en lapso de tiempo en Sinaloa ha habido más de 3 mil casos que se han denunciado, y ¿dónde quedan los casos que no se denuncian?, a caso con semejante cifra, ¿pueden las mujeres sentirse seguras y vivir tranquilas?, difícilmente, sobre todo porque a pesar de que en Culiacán, Ahome, Guasave, Navolato y Mazatlán fue emitida la alerta de género hasta el día de hoy no se han visto resultados que garanticen salvaguardar su integridad.

México no es un País seguro, Sinaloa no es un estado seguro para vivir. No lo ha sido en los últimos doce años.

La violencia se ha apropiado de la vida de muchos. Ha arrebatado la tranquilidad de muchos otros. Y hasta hoy, parece que todavía no encuentran la salida.

Saber de las personas asesinadas se ha convertido en un hábito normal, lejano, ajeno. Pero basta tenerlo cerca para saber que el terror sigue ahí. Y es que recibir la noticia de que una persona cercana ha sido víctima de la delincuencia duele; marca el corazón y la vida de quienes se quedan llorando por la pérdida de un ser querido, la intranquilidad trastoca la vida de las personas convirtiéndolas en víctimas colaterales.

 

 

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