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Tu puedes cambiar si así lo quieres


Publicado el 22 de Enero del 2018 8:39 a.m. OPINIÓNCosas de Mujeres - Por: Liliana Arango



Por: Liliana Arango

 

Las frases hechas siempre son atajos para el pensamiento. Decir que lo único permanente es el cambio es un lugar común de quienes pretenden ser iluminados espirituales, pero el dicho y los actos son distintos. ¿Quién está preparado para que todo cambie en cualquier momento? Casi nadie.

Que la gente no cambia es otra frase demoledora y peligrosa. Imagínense que fuéramos los mismos que éramos en nuestros veinte. Que nuestras ideas religiosas, políticas o sociales fueran inmutables es cancelar la posibilidad de cambiar de opinión y no enfrentar que siempre nos estamos equivocando.

Sin autoanálisis, infancia es destino. Sin una revisión de los sentimientos encontrados que tenemos hacia las personas que nos dieron o dan amor, mezclado con errores y conductas destructivas, es posible que la lealtad no se dirija sólo al amor recibido, sino se traduzca también en la repetición de patrones destructivos.

Haber tenido una madre fría puede ser la causa de asociar el amor con distancia en la relaciones adultas, pero es una correlación que podría pasar inadvertida para el irreflexivo.

Todos necesitamos cambiar en algo y por eso la gente viene a terapia. Desde mi perspectiva teórica y práctica, un proceso terapéutico que hace a un lado el pasado y los aspectos inconscientes de la conducta es una terapia a medias. Si lo único importante fuera deshacerse de los síntomas, bastaría con un programa conductista para eliminar los hábitos indeseados y las conductas que producen dolor.

Sigmund Freud, el neurólogo vienés, descubrió que existía el inconsciente y que era una fuerza de la vida psíquica mucho más poderosa de lo que hasta entonces se sabía. Inventó una ciencia nueva, un nuevo método para el tratamiento del sufrimiento emocional llamado psicoanálisis. A pesar de las críticas y las resistencias del mundo científico para aceptar sus teorías, Freud logró fundar y aglutinar a cientos de miles de profesionales de la salud mental en la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Las personas quieren cambiar algo de sus vidas cuando sienten confusión y dolor inexplicable. También cuando aceptan que vivir es una experiencia plagada de dificultades y quieren encontrar formas mejores para enfrentarlas.

Freud nos ayudó a entender que existen en nuestra mente impulsos en conflicto: por un lado, el principio del placer, debido al cual anhelamos una vida fácil, placentera y deliciosa. Y el principio de realidad, que se relaciona con los límites que aprendimos de niños, gracias a –en el mejor de los casos– una autoridad firme, pero benigna; o con mucho sufrimiento si hubo un dictador maligno o unos padres caóticos o ausentes.

Algunas personas sólo persiguen el principio del placer y van detrás de sus deseos sin respetar las reglas. Para otros, el cumplimiento del deber es tan estricto que se vuelven rígidos y casi incapaces de disfrutar de nada.

Nuestra mente es compleja. ¿Quién no ha sentido rabia inexplicable hacia su pareja o un súbito ataque de ansiedad mientras se dirige al trabajo? “Si desprecias la llave, jamás podrás abrir la puerta”, advirtió Freud. Sin análisis, hablar de cambio se convierte en una frivolidad, en una idea conductista que sólo reconoce la conducta observable e ignora todo lo que hay detrás de lo que hacemos. Cada quien puede preguntarse qué quisiera analizar de su vida.

 

¿Qué es posible cambiar?

Los hábitos destructivos, que son conductas automáticas, que tienen un detonante y que nos dan una recompensa; la forma de relacionarnos: codependencia, frialdad, agresión, silencio, aislamiento, venganza, dar en exceso, la incapacidad de amar; formas de pensar: intolerancia, racismo, clasismo, sexismo, soberbia, descalificación, cobardía, superioridad; la forma de tomar decisiones: ¿impulsividad, parálisis, a destiempo? Las decisiones son a veces como subirse o hundirse frente a una ola antes de ser revolcados; las prioridades: ¿qué es lo realmente importante para mí?

 

Que venga un año de cambios edificantes.

 

 

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